viernes, 30 de enero de 2015

Capitulo 3

    Esta vez mi pesadilla no fue como las demás, fue aterradora.  
  Mi mamá y yo estábamos en un bosque oscuro, ella estaba vestida de blanco y yo estaba de negro. Al rededor de ella se veía una luz, era como una luz blanca y sin embargo yo, era todo lo contrario. Estaba abatida, apagada, estaba asustada. Mi madre estaba tranquila y me miraba con incertidumbre, mientras yo miraba para todos lados, como si buscara algo para poder orientarme, como si buscara alguna respuesta, pero el problema era que para encontrar una res-puesta, primero debía conocer la pregunta. Estuvimos un largo rato así, hasta que fue mamá la que rompió el silencio.
   -¿Qué te pasa, Amy? -Me pregunto con intriga.
   -Ella no me deja en paz -Contesté mirando mis manos temblorosas.
   -¿Ella? ¿Quién es ''ella''?
   -Ella mamá -no apartaba la vista de mis manos.- La que me lastima, la que me entristece, la que me molesta, la que no encuentra nunca paz interior.
  -¿Quien es, Amy? ¿Quién es ella? -Mamá aun seguía estando totalmente tranquila.
   -¡¡ES ELLA!! -Le grite mirándola a la cara con los ojos desquiciados y lagrimas recorriendo mis mejillas.- ¡¡ELLA ES PARTE DE MI ESENCIA, ELLA ES PARTE DE MI!!
   -Espera Amy, tranquila... -De nuevo me miraba las manos-. Dime quien es y tal vez pueda ayudarte hija...
   -Nadie la conoce mejor que yo -dij con un hilo de voz.
   -¿Qué? -Preguntó mamá entrecerrando los ojos con miedo.
   -¡NADIE LA CONOCE COMO YO!
   -Amy...
   -Mamá.- La mire a los ojos.- ¡¡ELLA SOY YO!!
  En ese momento di un grito desgarrador al aire pero, aun así, no podía despertarme. Todo era muy real. Yo seguía gritando y sentía como toda la piel se me abría. Tenía gran parte del cuerpo en carne viva, pero seguía gritando. Quería salir pronto de esa fantasía que intentaba matarme. Quería que me abandonara en ese mismo momento ese dolor insoportable que me estaba torturando. Y cuando pensé que iba a pasar horas así, me desperté.
  -¡¡Amy, Amy, Amy!! ¿Estas bien? -Estaban Aiden y mi padre juntos, mirándome con caras de locos.- ¡¡AMY!! -Gritó Aiden.
  -¡¿Qué!? -Apenas podía hablar, sentía como que tenía las cuerdas vocales reventadas.
  -Hija, ¿que soñaste?, nunca habías gritado así -Papá sonaba y se veía asustado.
   -Nada, nada... ¿Que hora es? -Estaba muy ronca.
  -Ya te tienes que levantar, pero puedes quedarte en casa si no quieres ir al colegio.
 -No puedo faltar el segundo día, vallan tranquilos a aprontarse, voy a ducharme. -Dije con la garganta rasposa.
   Me bañé, me apronté y baje a desayunar. Me preparé un té y le puse un poco de limón, mi garganta mejoró un poco con eso, pero solo un poco. Papá me recordó que ese día tenía que ir con la psicóloga y yo le hice cara rara como siempre, ya que eso significaba una pérdida total de tiempo.
  Terminamos de desayunar y nos fuimos. Llegué cinco minutos antes de que dieran comienzo a la clase, Dante ya estaba en su pupitre, hablando con los chicos populares, me saludó con una de sus sonrisas y el profesor dio comienzo a la clase. Hoy empezábamos con Ciencias Físicas. Al final de la clase el profesor me llamó a parte y me felicitó diciendo que había leído mi expediente y que estaba demostrando ser una buena alumna, también me dio la bienvenida.
  A la cuarta hora nos dijeron que los dos últimos profesores habían faltado, que podíamos retirarnos. Llamé a Aiden y me dijo que estaba castigado hasta la una y media de la tarde, que lo esperara que él iba salir y pasaba por el colegio. Genial, una hora y media mas, encerrada aquí. Cuando me dispuse a sacar el libro y leer para pasar el rato, apareció Dante.
  -Amy -dijo con alegría.
  -Dante -le dije, y luego seguí leyendo.
  -¿Vas a hacer algo?
  -No me voy a librar de ti, ¿cierto? -Pregunté y lo miré.
  -Probablemente no -me dijo sonriendo.- ¿Pero vas a hacer algo?
  -No, ¿Por qué? -Dije cerrando el libro. 
  -¿Qué te parece si vamos a tomar un helado o algo?
  -¿Ahora? -Lo miré asombrada.
  -Claro
  -No acostumbro salir con personas que no conozco...
 -No sería un extraño si me conocieras... -Hizo una pausa y luego prosiguió sonriendo.- Mira, no se si tu me quieres conocer, pero yo a ti si, tengo la sensación de que me vas a caer bien.
 -No soy buena haciendo amigos, Dante. -Dije, y luego hice un gesto de resignación. 
   Realmente no era buena haciendo amigos.
  -Bueno, entonces solo se tu y salgamos a tomar un helado, además me di cuenta de estas un poco mal de la garganta y el helado es bueno para eso -me miró fijamente por un instante y luego continuó.- Yo sabré de ti y tu, tal vez, recuperarás tu garganta. Ambos quedamos felices y, a mi, me parece un trato justo. 
  -No se... -Hice una pausa, tal vez solo tenia que aceptar y tomar el riesgo. Ayer Dante había conseguido hacerme sonreír. Tal vez tenía razón y solo tenía que ser yo, tal vez si podíamos ser amigos.- Esta bien...
   -¡Genial! -Exclamó con una risa amplia.
   -Espera, solo un rato, ¿está bien?
   -Perfecto.
  Dante dijo que conocía una heladería muy buena, que quedaba cerca del colegio y había un buen clima, así que fuimos caminando.
  Empezó a hacerme preguntas en el camino, pero las evadí. No había confianza suficiente como para que supiera mucho de mi ''vida''. Así, que solo le hice un par de preguntas y deje que él hablara.
   Me enteré de que Dante hacía artes marciales desde pequeño, que tocaba la guitarra y que le gustaba cantar, dijo que no era muy bueno en lo último pero que no le importaba mucho ya que solo lo hacía cuando estaba aburrido y solo. Su madre era dueña de un centro de estética y él no tenía hermanos. Dijo que solo tenía dos primas que eran como sus hermanas, también mencionó que venían a este mismo colegio pero que estaban en distintas clases. Luego me contó que tenía quince años de edad y que había repetido sexto grado en la primaria. Cuando pregunté porque había repetido, el contestó algo que yo no me esperaba. Su padre había muerto hacía ya tres años y eso le había causado una depresión tan profunda, que se encerró en su habitación y solo comía y dormía, también mencionó que dormía mas de lo que comía y que con suerte se bañaba, que no vio a su familia por mucho tiempo y que su madre, se estuvo tratando con un psicólogo porque no podía ni con su vida. Dante me dio a entender que sus padres realmente se amaban y que los tres eran muy unidos, dijo que ese fue el motivo de su depresión. Su respuesta me tomó realmente por sorpresa. No parecía que un chico como él, hubiera tenido tantos problemas, no parecía que hubiera sufrido tanto. Era increíble lo que estaba escuchando. No por el hecho de que fuera una persona que daba a entender (si no sabías todo lo anteriormente mencionado) que su mayor preocupación en la vida había sido aprender a afeitarse, si no, porque simplemente no parecía que ese chico fuerte, esbelto, atractivo y excesivamente alegre hubiera aprendido a crecer guardando sus problemas. Me dejó muy en claro que desde que el tuvo ese año asquerosamente malo, no deja de ayudar a quien puede. Y tampoco he dejado de notar de que habla con muchísimo orgullo de su familia. Quien pudiera.   
  Llegamos a la heladería, que estaba casi vacía, cuando faltaban veinte minutos para la una.
   -¡Hola Dante! -Le dijo sonrientemente uno de los chicos que vendía helados.
   -¡Hola! ¿Como estas? -Le preguntó Dante de la misma manera.
   -Bien, ¿y tu?
   -Muy bien.
   -¡Genial! ¿De que quieren sus helados chicos?
   -¿De que lo quieres Amy? -Me preguntó Dante.
   -Sorprendeme. -Contesté abriendo notoriamente mis ojos.
   -Bien. -Me sonrió y terminó por decidirse por dos helados de chocolate.
   Delante de la heladería había algo así como un parque, ahí había una fuente hermosa y habían bancos debajo de unos árboles enormes que les hacían sombra. Cruzamos la calle y fuimos para ahí a tomar los helados. 
   Dante ya me había contado demasiado sobre él en el camino, aunque yo no me cansaba de escucharlo. Pero como era de esperar, él también quería saber sobre mi, así que en algún momento iba a tener que dejar de evadir sus preguntas y en lugar de eso, iba a tener que responderlas. 
   -¿Y bien? -Preguntó mirando la fuente y pasando la cuchara por el helado para llevársela a la boca.
    -¿Y bien que? -Pregunté de la misma manera.
   -Quedamos en que yo iba a saber de ti y terminé contándote todo sobre mi, sin saber nada de ti. -Me miró.- Cuéntame de ti.
    -Mi vida no es muy interesante que digamos.
    -Esta bien, ¿Cual es tu edad?
    -Tengo catorce años.
    -¿Tienes pasatiempos?
    -Ninguno.
    -¿Amigos?
    -No tengo. -Me miró con brusquedad.
    -¿Que no tienes amigos? -Negué con la cabeza. -¿Ni uno solo?
    -No.
    -¿Con quién vives?
    -Con mi padre y mi primo.
    -¿Tus padres están separados? 
    -Algo así... -Me había empezado a doler la cabeza.- Si
    -¿Algo así? -Preguntó un poco extrañado.
    -Mi madre murió hace un año
    -Oh, lo siento mucho. -Dijo un poco avergonzado. o, mejor dicho, apenado.
    -No importa. -Lo mire y sonreí para que no se sintiera mal.
   -¿Pero por qué no tienes amigos? -Respiré hondo. No sabía si era correcto decirle la verdad. Él me inspiraba confianza, así que opté por decirle.
    -Tuve un problema hace un tiempo y, desde entonces, no logré comunicarme con nadie como para entablar una amistad. -Le dije la verdad, increíble.
    -¿Qué problema?
    -Mi mejor amiga, ella...falleció hace dos años. -Le dije, y luego miré al suelo, pensando.
    -¿Qué? -Me preguntó asombrado.- ¿Cómo?
  -Es una larga historia, prefiero no hablar de eso. En otro momento te lo contaré.
    -Esta bien, como quieras. -Dijo sonriendo. Dante realmente tenía una sonrisa atractiva. En realidad, el en general era atractivo.
   -Dante, ya van a ser las dos y tenemos que irnos.
   -Como diga, señorita -dijo sonriendo.
  Nos levantamos de el banco en el cual estábamos sentados y empezamos a caminar de vuelta al colegio. Solo lo dejé hablar a él. Me hablaba de sus canciones y que estaba pensando en formar una banda, pero que aún no encontraba personas que se lo tomaran en serio. Me sorprendió lo bien que estaba pasando ese rato con Dante, era una sensación agradable. No me sentía como siempre. Era como si fuera yo, como si hubiera descubierto una parte de mi que no conocía. 
  Cuando estábamos por llegar al colegio me sonó el celular. Era mi primo preguntándome donde estaba y diciendo que me estaba esperando, que llegaríamos tarde y todo eso. Con lo bien que estaba pasando, ya hasta se me había olvidado que ese día tenía psicólogo. Después de cortar la llamada me fijé en la hora y ya eran las dos y diez. Nos apresuramos y llegamos en cinco minutos desde donde estábamos. Cuando llegamos a al colegio estaba Aiden sentado en el mismo banco que yo lo había esperado el día anterior. Yo no quería pero Dante me acompañó hasta donde estaba mi primo y lo saludó. Genial.
   -¿Amy, donde...? -Y se dio cuenta de que no estaba sola.- Hola, ¿tu quien eres? -Preguntó en un tono amable, lo cual me sorprendió.
   -Soy Dante, compañero de clases de Amy. -Le dijo estrechándole la mano, demasiada formalidad para mi gusto, ya que ni siquiera era mi amigo.
   -Genial, yo soy Aiden, su primo. -Le dijo sonriendo y Dante le devolvió la sonrisa. Me sentía verdaderamente rara ahí, con ellos.- Bueno pequeña, nos tenemos que ir, se nos va a hacer tarde.
   -Ah, si, claro. Hasta mañana Dante. -Le dije saludándolo con la mano mien-tras me iba.
    -Hasta mañana Amy.
   Caminamos un par de cuadras y encontramos una estación de Taxis, pedimos uno para la clínica. Fuimos en silencio. No quise hablar, porque si hablaba, sabía perfectamente que me caerían preguntas de todo tipo. Pero aun así, el silencio nos duró muy poco. Para variar.
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Bien, ya se que es corto, pero como no quiero hacer eso de estar muchos meses sin publicar, prefiero dejarles esto. Espero que les guste y le prometo un próximo capitulo fantástico. Gracias :')

domingo, 25 de enero de 2015

Capitulo 2

  Y volvimos a lo mismo. Me desperté de la misma manera que la noche anterior, pero creo que no grité, no vinieron ni mi padre, ni mi primo. Creí que sería bueno dejarlos descansar un poco, ya que por mi culpa, hacía meses que no dormían ninguno de los dos. 
   Me preparé la bañera y me quedé ahí un rato, faltaban tres horas para ir al colegio, así que de alguna manera tenía que matar el tiempo, después de un rato me aburrí y me vestí, ya tenía todo pronto para comenzar el día. Bajé a la cocina y desayuné. En ese momento bajó Aiden y luego papá, también estaban ambos con todo listo para ponerse en marcha.
    -Buen día hijita-. Dijo papá tan sonriente como siempre.
   -Hola primita-. Me dijo Aiden dándome un beso en la frente, de repente me miraron los dos con caras raras. Parecían intrigados. 
    -Amy, ¿te sientes bien?-. Me preguntó papá. 
    -Si, ¿por qué?
    -¿Como dormiste?-. Preguntó mi primo.
    -Como siempre, ¿por?
    -Porque estas rara
    -¿Rara como, Aiden?
  -No se, hoy no sentí ningún grito, nosotros pudimos descansar y cuando bajamos tu estabas aquí tranquila...¿será que el comienzo de tus clases te ayudó un poco?
   -No, soñé lo mismo que vengo soñando hace una semana. La diferencia es que hoy no grité y me pude despertar yo sola. Pensé que les gustaría dormir aunque sea una noche de corrido y solo los dejé. No quería molestarlos otra vez.
    -Amy, tu no eres una molestia. -Dijo mi padre.
  -Ay, papá, es mi primer día y no quiero llegar tarde. Si dejaras esta conversación para otro momento, te lo agradecería en serio, créeme.
    -Bueno, está bien. Me termino mi café y nos largamos.
    La hora del desayuno fue bastante soportable, pero eso era lo de menos. Lo que mas me importaba, era como seguiría el resto de mi día, pero luego se me fue la preocupación, ya que hoy y el resto del año, mi plan era prestar atención a todas las clases y tratar de no tener ningún colapso depresivo, así podía dejar a papá y a Aiden tranquilos por al menos un tiempo. 
   Dejamos primero a Aiden en la secundaría y luego papá me iba a dejar a mi. Ya eran las siete quince de la mañana y tenía que estar en el colegio a las ocho, iba a llegar demasiado temprano, así que tome como nota mental no decirle a papá que llegaría tarde a ningún otro lado, sin antes fijarme la hora.
   Cuando llegamos faltaban diez minutos para las ocho, el transito estaba muy lento. Papá estacionó el auto en la calle y entro al edificio conmigo, ya que antes de pasar a mi primera clase tenía que pasar por la oficina de la secretaria para que me diera todos los horarios. Fue horrible el acordarme de que tenía seis horas de clase. La primer materia que tendría sería Historia, ''Bien'', pensé, ''Al menos empiezo con algo que me gusta y se me da bien.'' 
   Ya eran siete y cincuenta y nueve cuando entré a la sala. Había una mucha-cha muy elegante y joven, supuse que ella sería la profesora.
   -¿Tu eres Amy Turner? -Preguntó la chica.
   -Emm...si, soy yo. -Contesté con un toque de timidez.
   -Un gusto, yo soy la profesora Nieves. -Me dijo con una sonrisa, mientras me extendía la mano.- Yo soy tu profesora de historia, Amy. Ahí hay un asiento libre, ese podría ser tu lugar. -Dijo señalando al centro de la sala.
  ¡O genial, el centro de la clase! Excelente comienzo. Fui y me senté. La profesora estaba repasando la lista de estudiantes y cuando dijo un apellido un tanto raro, un chico entro corriendo a la sala. Era alto, su piel era de un tono caribeño, su cabello era corto, castaño claro y lacio, tenía el uniforme completo aunque un poco desprolijo, era muy típico de chico popular.
   -¡¡Aquí!! -Gritó levantando la mano y luego se aclaró la garganta.- Perdón, aquí estoy, le prometo que esta es la ultima vez que llego tarde. -Estaba agitado así que tomó un poco de aire.- ¿Puedo pasar? -En ese momento toda la clase se rió, incluso la profesora.
   -Es como la décima vez que me dices lo mismo niño. -Le contestó la profesora riendo.
   -Pero esta vez es en serio, ¿Puedo pasar ,Profesora?
   -Adelante, pasa.
  Él se sentó en el pupitre que estaba junto al mio, todos los chicos lo saludaban y las chicas también, pero ellas le coqueteaban. Yo solo mantuve la mirada al frente y punto.
   -Hola. -Me dijo sonriendo.
   -Hola. -Contesté y después le presté atención a lo que decía la profesora.
   La Profesora Nieves me caía bien y me gustaba como enseñaba pero ella fue la única. Los demás profesores eran casi todos adultos mayores y no eran tan agradables como Nieves. Pero, al menos para mi, eran tolerables, ya que solo iban a enseñar y yo solo iba a aprender lo que enseñaban.
   Aiden me había dicho que lo llamara cuando terminara la jornada así me iba a buscar y nos íbamos a almorzar juntos así que cuando terminé, eso fue lo que hice, me dijo que demoraría veinte minutos en llegar, que lo esperara en la entrada, así que saqué un libro y me senté en un banco que había en la entrada. No pasaron ni cinco minutos desde que empecé a leer que ya quedaban menos de veinte personas en la entrada y un chico se me acercó. Era el mismo que había entrado corriendo a la clase.
    -Hola de nuevo -me dijo con un tono alegre.
    -Hola. -Le contesté un poquito cortante, no quería hablar con nadie, así que clavé mis ojos en el libro.
    -¿Estas esperando a alguien?
    -¿Eso te importa? -Pregunté mientras cerraba el libro.
    -Si
    -¿Por qué?
   -Porque con lo guapo que soy, no me gustaría estar hablando con una chica que puede tener novio. No quiero que luego me busque un novio enfadado con ganas de matar a alguien. -Solté una carcajada.
    -Solo estoy esperando a mi primo -dije mientras guardaba el libro.
    -Oh, bien... -Hizo una pausa y se quedo mirando el lugar que había libre a mi lado.- ¿Me puedo sentar?
    -Claro
    -Eres la chica nueva, ¿verdad?
    -Si
    -¿Y como te llamas?
    -Amy Turner
   -Lindo nombre. Yo soy Dante, Dante Starcovich. -Me dijo con una reluciente sonrisa y extendiéndome la mano.
  -Tu eres el que llegó tarde a la clase, ¿cierto? -Pregunté estrechándole la mano.
   -Cierto.
  -¿Me podrías devolver mi mano, o es mucho pedir? -Pregunté en un tono serio y el se rió.
   -Lo lamento -dijo entre risas y después soltó mi mano. 
   -¿Y te vas a quedar aquí toda la tarde o no tienes que ir?
   -Estoy esperando a mi madre, me invitó a salir.
   -¿Una cita con tu mamá?
   -Ni mi madre puede resistirse a mi belleza. -Otra risa salió sola de mi boca.- ¿Qué te causa tanta gracia?
    -Nada, Dante. -Dije sonriendo.- Allí viene mi primo, adiós.
    -Bueno, me tendré que quedar aquí solo, está bien. Adiós Amy.
  Caminé hasta donde estaba mi primo y lo saludé, después empezamos a caminar juntos.
   -Que linda sonrisa tienes en ese rostro, sabía que algún día la volvería a ver. -Dijo Aiden también sonriendo.- ¿Quién era ese chico?
   -Un compañero de clases.
   -¿Solo eso? -Asentí con la cabeza.- ¿Y que te dijo que estas tan sonriente?
   -Solo bromas, me cayo bien, es un muchacho agradable.
   Así continuamos el todo el camino. Aiden me iba preguntando como me había ido en el colegio y si los profesores eran buenos, si enseñaban bien y todas esas cosas.
   Hacía mucho tiempo que no sonreía con sinceridad y también era la primera vez que hablaba con alguien que no fueran los doctores o con lo que quedaba de mi familia. Dante me había hecho sonreír, ni mi primo ni yo podíamos creerlo, no podíamos creer que yo estuviera hablando y riéndome con tanta naturalidad. Habían pasado mas de dos años desde la ultima vez que yo había podido comportarme como una persona decente, normal o como quieran llamar-lo. Tal vez esta vez si iba a funcionar este ''NUEVO COMIENZO'', tal vez no era tan malo hablar con las personas, pasar mas tiempo con Aiden. Pero no puedo confundirme, este solo fue el primer día y, todo producto recién comprado funciona bien.
   Llegamos a casa y seguimos con lo nuestro. Cada uno por su lado. Yo hice mis tareas, fui a cenar con mi padre y mi primo y después subí, me di una du-cha y me acosté a dormir pensando en lo bien que había estado mi día.
    Que lastima que esa sensación de paz duró tan poco.