viernes, 4 de diciembre de 2015

Capitulo 6

      El jueves por la noche me acosté y no hubieron pesadillas, pude dormir toda la noche muy tranquila. Y el viernes, al igual que el resto de la semana, no fue muy interesante. Fue lo mismo de los días anteriores, solo que al tener a la nueva chica trabajando en casa, fue todo un poco menos aburrido. 
   La empleada que papá contrató se llamaba Luciana. Era agradable, y muy atenta. Según yo, no pasaba de tener 25 años, pero Aiden y yo no nos fiamos mucho. Hacía bien su trabajo, si. Pero era muy agradable, de una manera casi empalagosa y por lo poco que sabemos de la vida mi primo y yo, nadie puede estar tan sonriente y mucho menos en un trabajo, por más placentero que sea. Y esta chica, no era la excepción de esa ley natural. Cuando papá llego del trabajo le dijo que al día siguiente no la necesitábamos, que podía tomarse el día libre.
   
    Y por fin llegó el sábado. 
  Como estaba casi previsto el clima no se puso de nuestra parte, o eso creíamos nosotros. 
    El día anterior Dante me había pedido mi número por si ocurría algo, y a las once de la mañana mientras me levantaba, sonó mi celular.
    -Amy -dijo alegre.
    -Dante -dije con voz de dormida.
    -¿Recién te despiertas? 
    -Si, me desperté hace un rato.
    -¿Ya viste la tormenta que hay? -Preguntó con emoción.
    -Si, ¿por qué estas tan emocionado?
    -Porque eso significa... -dejó la frase en el aire para que yo la terminara.
   -¿Qué puedo acostarme a dormir otra vez? -Pregunté con un toque leve de entusiasmo. 
    -No, eso sig... -dijo, y se quedó pensando, asimilando lo que yo acababa decir- ¡No niña! -Exclamó haciéndose el enojado y después rió.
    -Oh -dije con resignación y suspiré-. ¿Entonces qué?
    -¿Quieres venir a mi casa, o voy a la tuya?
    -No sabes donde vivo.
    -Pero tu sabes donde vivo yo.
    -No, hoy nos toca en mi casa.
    -Perfecto, ¿a qué hora?
    -¿A qué hora te parece?
    -¿Ahora?
    -¿¡Ya!? -Pregunté abriendo los ojos de repente.
    -Si.
    -Okey -dije con frustración, y los dos nos reímos- te mando la dirección en un mensaje de texto... -Quedamos unos segundos en silencio hasta que se me ocurrió algo- ¿te espero con una taza de chocolate caliente y galletas?
    -Sería una linda manera de comenzar el sábado... -Quedamos en silencio por unos segundos. Me dio la impresión de que estaba empezando amar esos silencios. No eran incómodos, y sabía que podía hablar de nuevo cuando quisiera porque él iba a estar del otro lado, escuchándome.
    -Esta bien, en un rato nos vemos -dije por fin, con una sonrisa algo tonta.
   Inmediatamente le envié mi dirección y bajé a la cocina corriendo para avisarle a papá que Dante iría a estudiar a casa y me dijo que estaba bien, pero que él no estaría en todo el día. Eso me preocupó, así que fui a hablar con Aiden para ver que iba a hacer y le expliqué lo de Dante. Me dijo que no tenía planes y que iba a estar todo el día con nosotros, Dante le había caído bien, era una buena señal. En fin, no era un problema que papá no estuviera en casa. Subí un poco más y volando a mi habitación. Busqué libros de matemáticas, cuadernos viejos, apuntes sueltos y muchísimas cosas más, para estar segura de que Dante no tuviera excusas para no estudiar. Después de tener todo pronto, bajé a la cocina para preparar el chocolate y hacer galletas.
   Hacía mucho que yo no cocinaba. Últimamente el que se ocupaba de eso era mi papá, ya que yo solo cocinaba con mi madre. 
  Mientras buscaba la receta y los ingredientes, papá se estaba yendo y, de una inesperada manera, Aiden corrió hacia la puerta gritando: ''¡¡HASTA LUEGO PRIMITA!!''. ''Primo traidor'', eso fue lo primero que se me vino a la cabeza. Pero bueno, un día con Dante no podía hacerme tanto daño. Siempre y cuando me concentrara en ayudarlo a estudiar.
  Después de unos cinco minutos de haber empezado a hacer las galletas sonó el timbre de mi casa.  
   -¿¡Quien es!? -Grité limpiándome las manos con un repasador.
   -¿¡A quién estas esperando!? -Preguntaron del otro lado.
  Corrí sonriente a abrir la puerta y ahí estaba él. Tenía el cabello empapado y despeinado, acompañado con una gran sonrisa. 
   Ese chico facilmente se podía considerar perfecto. 
   Entró a casa y se quitó la chaqueta de nailon que traía encima.
   -¿Estas con frío? -Le pregunte guiándolo a la cocina.
   -Mira lo que preguntas -dijo con sarcasmo-. ¿Te parece qué puedo tener frío?
   -Okey, fue una mala pregunta -dije riendo.
   -¿Qué haces aun en pijama? -Preguntó examinándome con la mirada, con una cara que me dio mucha gracia.
  -Es sábado y estoy cómoda. Además, no me diste tiempo a nada, solo a empezar la masa de las galletas y buscar los libros. Y no olvidemos que hiciste que madrugara.
    -Así que es mi culpa, bien.
   Dante se quitó la otra campera que tenía y se sentó en una silla. Luego de unos diez minutos dijo que estaba aburrido de verme a hacer galletas, pero que hacerlas, se veía divertido. Vi que se lavó las manos y después les empezó a dar formas. Muñecos, intentos de autos, corazones, intentos de casas, animales, árboles, en fin, muchísimas cosas imposibles de identificar a simple vista. Nos divertimos en ese rato, terminamos los dos llenos de harina y luego lavamos todo, juntos. Él era una buena compañía.
  Después de que terminamos de deformar mis galletas perfectamente redondas las metimos en el horno y preparamos el chocolate. Decidimos bajar los libros y todo lo que teníamos para estudiar a la cocina, ya que el horno había aumentado la temperatura de la habitación y estábamos a gusto.
   Tomábamos y comíamos mientras yo intentaba hacer que Dante entendiera algo de lo que estaba enseñándole, realmente era malo para las matemáticas.
   A eso de las dos de la tarde nos dispusimos a hacer el almuerzo, no teníamos mucha hambre, pero se nos estaba pasando la hora. Queríamos almorzar milanesas a la napolitana con puré de papas, pero terminamos pidiendo una pizza. Veíamos una película mientras comíamos, pero nos aburrimos y terminé por mostrarle toda mi casa. 
   Después de un rato llegué a la conclusión de que había sido un error.
  Recorrimos casi todo y, demoramos un largo rato, ya que mi casa era tan grande como la de él. Cuando llegamos a mi habitación nos detuvimos un momento, le llamó la atención ese lugar que para mi era tan maravilloso. Lo vi mirando mis libros, que la gran mayoría eran los mismos que él tenía. Observó mi dormitorio detenidamente y en silencio, después de unos minutos me miró intrigado.
  -No tienes fotos -dijo en tono de pregunta, pero era una afirmación se lo confirmé negando con la cabeza.- ¿Por qué?
   -No me gustan las fotos. Al menos no para tenerlas colgadas por todas partes.
   -¿Pero por qué no?
   -Me traen recuerdos.
   -¿Y eso es malo?
   -Siendo yo si.
   -Explícame -y lo dijo con una de esas sonrisas suyas que son capaz de dejar a cualquiera atontada.
   -Hay recuerdos que valen la pena, ya que se supone que en esos momentos fuimos felices, pero hay otros que solo sirven para amargarte la vida. Por un rato disfruto de esos buenos momentos pasados y luego me doy cuenta de que no van a volver, ni los recuerdos, ni las personas que están en ellos. Entonces empiezo a extrañar todo y a sentirme sola -me di cuenta de que sus ojos estaban fijamente en mi rostro, expectantes.- Y entonces es cuando llegan los otros recuerdos, a amargar mi existencia. Es por eso que no los necesito, o no los quiero. Las fotos son momentos, los momentos son recuerdos y no me gusta recordar. Es por eso que no hay fotos en mi habitación.
   Dante se quedó en silencio y siguió recorriendo el dormitorio, después de un rato de estar allí adentro y de ver todo lo que había, decidió que quería ir a la cocina. Bajamos en silencio. Me gustaban esos silencios, no eran incómodos y no hacían que me sintiera sola o ignorada. Pero más me gustaba escuchar su voz, era tranquilizadora cuando estábamos en privado.
    -Amy, quiero hacerte una pregunta... -dijo dudoso y sin mirarme a la cara, eso me sorprendió un poco.
   -Pregúntame -contesté.
   -Pero no se si estas lista para contestarla.
   -Mientras no me pidas matrimonio, no la evadiré.
   -Amy, es en serio -y entonces si me miró-. Pero si no me quieres contestar, no me molestaré, después de todo, no es un tema agradable como para hablarlo.
  -Preguntame, si no puedo contestar ahora, lo haré en otro momento, lo prometo.
    Su actitud repentinamente seria me dejo dudosa, pero su pregunta me dejó helada.
    -¿Qué fue lo que le pasó a tu mamá? 
    -¿Para qué quieres saber? -Pregunté con el rostro inexpresivo.
    -Me interesa saberlo.
    -No quiero hablar de eso.
    -Lo lamento.
    -Dante -lo miré a los ojos- olvídalo, ¿si?
    -Esta bien -dijo avergonzado y dimos por finalizado el tema.
    No se a que vino todo esto, no tengo ni idea de porque le vino esa duda tan repentina, ni ese interés por saber que fue lo que pasó. Lo único que se, es que en ese momento, inmediatamente comencé a desear que se olvidara de mi promesa y como vio mi expresión frente a su pregunta, supongoque, si no la olvida, intentará no recordarla. Pero después de todo, pasamos un lindo día.
   Cuando estaba anocheciendo llegaron papá y Aiden a casa. Dante y yo aun estábamos en la cocina, nos escucharon y fueron derecho con nosotros. Aiden y Dante se saludaron como si fueran amigos y papá le estrechó la mano a Dante, quien sonaba simpático cuando dijo: ''Es un placer conocerlo, Señor Turner''. Me sentí realmente pequeña entre todos ellos, eran todos casi de la misma altura, super grandes. Pero me agradó ese ambiente. No hubo tensión, se hablaron con amabilidad y tomaron bastante confianza, era lindo tener un amigo.
    Papá preparó la cena y le preguntó a Dante si se quería quedar, él me miro a mi, como si esperara mi aprobación o algo así. Yo le dije que quería que se quedara con nosotros y... no fue muy difícil convencerlo. Cenamos todos juntos, hablando como cuando yo merendé en su casa con su madre. Fue una sensación agradable, realmente me gustaba aquel calor familiar. 
   Después de cenar, Dante se fue.
   Aiden y yo nos quedamos lavando los platos que usamos en la cena y, como era de esperar, me atacó con un interrogatorio que intenté evadir.
   -Vamos, Amy, cuentame -dijo riendo.
   -¿Qué quieres qué te cuente? -Pregunté en tono indiferente.
  -Como te fue hoy con Dante, que tal estuvo todo. ¿Se propasó? ¿Te besó? ¿Tengo que golpearlo? -Preguntó ansioso mientras secaba lo que yo le pasaba. 
   -Nos fue genial, logré que entendiera lo que no le entraba en la cabeza, nos divertimos cocinando las galletas, vimos una película, bueno, en realidad solo media película -me miró entrecerrando los ojos y yo me reí- no, no te imagines cosas. Pedimos una pizza y cuando la terminamos le enseñé la casa. No se propasó, ni me beso. Simplemente es mi amigo y los amigos no hacen eso, según tengo entendido. Dante es un buen chico.
   -Uy, es bueno escuchar eso, más que nada lo último -soltó otra risa.
   -¿Ves? Te puedes quedar tranquilo.
   Después de esa conversación nos quedamos un rato más en la cocina, me dijo que le dolía la garganta y me ofrecí a prepararle un te, de paso, le iba a preguntar porque motivo me abandonó y se fue corriendo. Fue gracioso verlo, sonreía mientras me contaba que tuvo una cita con la chica que conoció cuando supuestamente lo castigaron. 
   Primero al verlo sonreír, pensé que esto con esta chica, podía llegar a ir en serio, hasta que me dijo que la pobre era un desastre y muy presumida porque su madre era diseñadora, ''La idiota de verdad cree que puede tener a cualquiera solo porque tiene dinero -se rió con ganas- ¡Ni siquiera sus ''amigas'' la quieren!''. Después de desquitarse y contarme todo lo que ocurrió en esa cita desastrosa, me dijo que quería ir de compras conmigo. Al principio le dije que no, no me gusta salir, pero me convenció diciendo que quería pasar más tiempo conmigo porque soy como su hermana menor, me gustara o no. Terminé por decirle que no quería ir de compras pero que aceptaba si me invitaba un helado. El domingo por la tarde, tenía una cita con mi primo, quien ya era prácticamente mi amigo.
   Y al fin nos fuimos a acostar.
   En mi cabeza hice un repaso de todos los hechos del día y me di cuenta de que lo que más me atormentaba era la pregunta que me había hecho Dante. De verdad no quería contarle que era lo que había pasado con mi madre, no quería contarle el porque y muchísimo menos el como. Eran cosas que no podía y no quería revivir, porque una vez que lo hiciera, me iba a costar diez mil veces más de lo que ya me estaba costando el perdonarme a mi misma.
   Ya he hablado muchas veces de lo mismo con papá, mi terapeuta y mi primo, dicen que no fue mi culpa, pero yo se perfectamente que mis caprichos y berrinches de niña mal aprendida fueron lo que la mató, literalmente.

   La noche no fue muy buena para mi. Pesadilla tras pesadilla, en realidad, eran malos recuerdos alterados inconcientemente por mi, adaptados a lo que yo quería pensar que pasó. Eran mucho peores que los reales. Hay imágenes que nunca se olvidan, o peor, que siempre se recuerdan de esta manera. 
   No podía dejar de pensar en que si Dante no hubiese hecho esa maldita pregunta, mi noche no hubiese sido tan mala, pero tampoco podía echarle la culpa y lavarme las manos, porque esta no era la primera vez y yo sabía perfectamente que no iba a ser la última. Cuando desperté Aiden justo entro por la puerta de mi dormitorio y me miró,se sentó en mi cama en silencio y no dijo una palabra pasados unos segundos.
   -¿Qué pasó?
  -Nada, no parece que estuvieras durmiendo... ¿A ti te pasa algo? -Me apresuré a preguntar.
   -No puedo creer que creas que con eso va a terminar esta conversación, con que soñabas?
    -Lo de siempre -le dije mirando mis manos.
    -Sonaba peor.
    -¿Cómo lo sabes?
  -Porque he escuchado los de las veces anteriores, y no suenan tan mal comparados con esto -su expresión y su voz eran totalmente serenas.
    -Si hubiese sonado tan mal como dices, por qué papá aun está durmiendo? -Pregunté mirándolo a los ojos
  -Porque no te escuchó. -Entonces vio mis expresión esperando una explicación-. No eran gritos, o quejidos, esta vez decías cosas, cosas que no entendí muy bien -se me acercó más- ¿Amy, qué estabas soñando?
    -No importa, ve a dormir.
    -¿Amy, qué fue lo que te preguntó Dante? -Me preguntó muy serio.
    -¿Qué? -Quedé perpleja ante su pregunta.
    -Dime que fue lo que te dejó tan alterada como para que pasaras ta mal la noche entera, o si no, se lo pregunto a él.
    -No vas a preguntarle nada, y no te voy a decir nada porque Dante no me preguntó nada que deba preocuparte -dije en un tono molesto- y ahora si no es mucho pedir, quiero dormir, tuve una mala noche y quiero descansar.
    -Sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad?
    -Si, lo se... como tu en mi.
    -Esta bien, lo siento -dijo, y me abrazó-,  Si necesitas algo, avísame.
    Asentí con la cabeza y luego Aiden se fue.

martes, 19 de mayo de 2015

Capitulo 5

    El camino a la casa de Dante duraba solo treinta minutos, pero se hizo eterno. Aiden al volante, Dante en el asiento de acompañante y yo en un de los asientos traseros. Todos en silencio. Para lo único que hablaban era, Aiden para pedir indicaciones y Dante para dárselas, y yo iba totalmente en silencio, deseando que llegáramos rápido.
     Cuando al fin llegamos a la casa de dante Aiden me dijo que pasaría por mi a las ocho, como había dicho papá. Mi primo se despidió de nosotros y se marchó.
     -¿Está tu mamá? -Pregunté tímida.
   -Amm... No lo se, creo que no, pero en un rato debería estar aquí. -Dijo sacándose su chaqueta y arrojándola a un sillón que había cerca.- ¿Quieres tomar algo?
     -Eh.. no, gracias.
    -Está bien -me dedicó una sonrisa- Vamos a mi habitación, allí están todas las cosas.
    La casa de Dante era grande como la mía y muy linda. Los colores de las paredes eran claros y no habían muchos muebles, pero si habían varios cuadros que, a decir verdad, no tenía idea de quién los podía haber pintado, pero eran maravillosos. Realmente llamativos.
    Subimos a la habitación de Dante, era genial y enorme. Tenia muchos posters de bandas de rock, una guitarra eléctrica, un bajo y dos micrófonos. En otro extremo de la habitación había un mueble en el que habían libros, la mayoría eran de fantasía y ficción y yo, ya había los había leído casi todos. En el mismo mueble habían muchísimos discos de bandas de rock, desde bandas clásicas, a bandas nuevas. Detrás de su cama había un estante en el que habían fotos con un hombre, era muy parecido a Dante. Él vio que me detuve un momento en la puerta a observar el ambiente.
   -Mi lugar favorito en el mundo -sonrió- ¿te gusta?
   -Me encanta -dije aun mirando detenidamente el lugar.
   -¿En serio? -Preguntó asombrado.
  -Si, es genial -dije dejando mi mochila y mi chaqueta arriba de su cama. Nuevamente me detuve a observar las fotos con aquel hombre.
   -Es mi padre.
   -Son muy parecidos 
    Había una foto en a que Dante estaba con su padre sosteniendo una guitarra, su padre sostenía un bajo y estaban en un micrófono cada uno.
   -¿Tu papá cantaba?
  -Si, muchísimo mejor que yo. -Miró la foto con una sonrisa de admiración.- Todos los posters y los discos los compró él. Eran su vida y ahora son gran parte de la mía.
   -Dante, no sabía que te gustaba el rock. -Dije extrañada y lo miré.
   -Papá me mostró este estilo de música desde pequeño. Esto se convirtió en mi vida. Amo esta música, y es lo que me queda de él. No tengo motivos para ignorar el Rock no los voy a tener nunca. -Dante hablaba con orgullo, y eso me fascinaba.
    -Wau, estas bandas son buenas -dije mirando la pared con los posters.
   Después de nuestra pequeña conversación buscamos materiales para hacer una linda carpeta de colores negro y azul y pusimos manos a la obra. 
   Una hora y media después de que empezamos a hacer el trabajo llegó la mamá de Dante. Golpeó la puerta de la habitación y Dante le dijo que pasara.
   -Hola niños -dijo sonriente. Era una mujer muy elegante, alta, rubia, de ojos marrones y delgada. Era una mujer muy bien conservada para tener cuarenta años.
    -Hola mamá -Dante se levantó y le dio un beso- Ella es Amy.
   -Hola Señora Starcovich -Dije tímidamente y me levanté para saludarla.- Es un placer conocerla.
    -Hola Amy -dijo aun con una sonrisa, me caía bien- que bueno que al fin te conozco, Dante no para de hablar de ti desde hace dos días -le lancé a Dante una mirada interrogativa y el agachó la cabeza.- En fin, ¿quieren bajar a merendar, o le pido a Lissi que suba la merienda?
   -Ahora bajamos ma -la mamá de Dante se dio la vuelta y sin decir nada, desapareció de la habitación.
    -Explícame -le dije cruzándome de brazos. 
    -¿Qué tengo que explicar? -Preguntó nervioso.
    -¿Cómo es eso de que hace dos días que no dejas de hablar de mi?
    -Ay, nunca dije nada malo, de eso puedes estar segura.
    -¿Entonces, que es lo qué dijiste? 
  -Solo te alagué. Me pareciste una chica interesante desde el principio y bueno. Se lo comenté a mamá. -Lo miré pensativa- es en serio, me caes bien. Nunca te degradaría.
   -Esta bien, te creo.
   -¿Bajamos a merendar? -Preguntó con una de esas sonrisa encantadoras.
   -Vamos -le dije, y los dos bajamos.
   Hacía bastante frío así que la mamá de Dante nos estaba esperando con dos tazas de chocolate caliente. 
    Francamente había olvidado por completo lo que se sentía tomar una taza de chocolate caliente con alguien más en la misma  habitación que yo, mientras se disfruta de una agradable conversación. Había olvidado lo que era estar en familia. Después de todo, si falta una pieza de un rompe cabezas, por más pequeña que sea, este no se podrá armar de la manera apropiada. Y si falta una persona que amas en una familia realmente unida, esto se convertirá en un intento de familia, todo sabemos que no volverá a ser lo mismo. 
     Resumiendo: EN MI ROMPE CABEZAS FALTA UNA PIEZA FUNDAMENTAL.
    Me gustaba saber que a pesar de que a ellos les falta una parte importante en su rompe cabezas si pueden ordenarlo, nunca lo podrán volver a armar de la manera original, pero si podían unirlo... O dejarlo guardado en una lugar, como un recuerdo lleno de buenos momentos y juegos, con mucho amor. Me alegra por ellos. 
  Pasé un rato agradable, nos reímos, hablamos, recordamos, ellos sus momentos, yo los míos y los compartimos. Después de un gran rato,tuvimos que subir a la habitación a terminar el trabajo. Nos estaba quedando bien, ni siquiera discutimos. Por lo visto teníamos gustos muy parecidos, eso hacía el trabajo mucho más fácil y rápido. Tanto que un rato después de las seis ya habíamos terminado. Nos quedaban dos horas y no teníamos ni idea de lo que podíamos hacer. 
    -Bien, nos queda como una hora y media para hacer algo que no tenga que ver con el colegio -dijo con emoción- ¿qué sugieres?
    -¿No quieres que empecemos a estudiar para la prueba de matemáticas?
   -Amy, por favor, no seas aburrida, te lo suplico -me miró con cara de espanto, y eso me hizo reír.
    -Esta bien, ¿que podemos hacer? -Dije sonriendo.
    -¿Qué es lo que te gusta hacer cuando estas aburrida? 
  Uy, que pregunta difícil. Desde hace dos años, cada vez que me aburro duermo o leo libros que muy pocas personas conocen debido a su extremada morbosidad. Pero siendo dos personas las que estábamos aburridas y una de esas personas siendo Dante, no podía decirle lo que hacía.
    -En realidad, nada. -Contesté poco decidida.
    -Oh, vamos. Algo tiene que haber, ¿películas?
    -Me aburren.
    -¿Juegos de mesa?
    -No les tengo paciencia.
    -¿Escribir?
    -Solo cuando estoy sola.
    Se detuvo un momento a pensar.
   -¿Cantar? -Preguntó intrigado. Cantaba con mi mejor amiga y con nadie más. Desde que murió la música no fue una buena companía.
    -No, no me gusta.
    -Amy, tiene que haber algo -no se iba a rendir.
    -Nada que pueda compartir -dije con una media sonrisa.
    -Mmm... ¿Te gusta masacrar personas cuando estas aburrida? -Reprimí una carcajada.
    -Se que parece que si, pero no. Masacrarlas no es una buena opción...
    -¿Y torturarlas? Es más divertido, según lo que me han contado -Los dos nos reímos.
    -Eres muy creativo, sabes? Y super original -se rió.
    -¿Te gustan las guitarras?
    -Si, ¿por qué?
   -Porque allí tengo una. ¿Sabes tocar? -No quería revivir momentos. No quería arruinar ese momento por revivir otros.
    -A decir verdad, no recuerdo muy bien los acordes y todo eso... -no terminé la oración.
    -¿Sabes qué? Pareces ser una chica que disfruta, o disfrutaba, muchísimo de la música pesada, hablo de Rock, Heavy Metal y demás -tenía razón- pero pareces mas de ser una chica que en este momento disfrutaría de algo liviano... -lo miré extrañada- Oh si, algo liviano, quiero decir, música clásica por ejemplo.
    -Te voy a preguntar algo y quiero que contestes con la verdad, ¿si? -esperé su respuesta, que fue inmediata.
    -Adelante.
   -¿Eres un espía, agente secreto, o sabes leer mentes? -Se rió, tomo aire y contesto aún riendo.
    -Simplemente le presto atención a las personas, Amy. 
    -¿Cómo? Eso es muy difícil.
  -Para mi no. Me interesa saber como son las personas que me llaman la atención. Y generalmente me doy cuenta, literalmente, rápido de como son, de cual es su estilo y la música que les gusta, escuchan o necesitan.
    -Eso es simplemente... Impresionante.
   -Y entretenido, en realidad. Pero volviendo al tema, ¿me acompañarías a un lugar especial? -lo miré pensativa.
    -Mmm... Bueno.
   Salimos de la habitación de Dante y nos recorrimos toda su casa de una punta a otra. Le pregunté que era exactamente lo que estaba buscando y solo dijo que era una llave, que sin eso no podíamos ir a ese lugar especial y yo, como el estaba tan ansioso, lo seguí.
    Seguimos recorriendo la casa de punta a punta y buscando por unos cuantos minutos, hasta que la bendita llave por fin se dejó ver.
   -¡Sabía que por aquí la había dejado! -Exclamó sonriente y mirando la llave, y yo, por impulso, me reí.
   -¿¡Por aquí donde!? -pregunté riendo- ¡Conocí toda tu casa en quince minutos! -nuevamente nos reímos los dos.
    -No, no la conoces toda -dijo aun sonriente- no aun.
   Me llevó casi arrastrando hasta un armario, pero antes de abrir ese armario, miró el pasillo para confirmar que no hubiera nadie más que nosotros. Como acto seguido, me agarro de el brazo derecho y me metió en ese armario. Era oscuro y muy pequeño, apenas entrabamos los dos junto, muy juntos. Pero después de que entramos rápidamente encendió una luz y, en el fondo de ese lugar, corrió un cuadro que estaba apoyado contra la pared y metió la llave que tanto buscamos en un candado. Me miró y me dio la mano para que pudiéramos entrar. Lo miré pensativa.
   -Confía en mi. -Dijo con una sonrisa ante la cual me resultó imposible dar una negativa como respuesta.
   Tomé su mano y deje que me guiara.
  Cuando distinguí en medio de esa oscuridad espesa una escalera que iba hacia abajo, pensé que lo que estaría al pie de la escalera sería asquerosamente peor y polvoriento. Pero que equivocada que estaba.
  Mientras bajábamos el sostenía mi mano para que no me cayera. Cuando llegamos abajo, buscó a tientas en la pared algún interruptor para encender la luz, y lo que vi después de que todo estaba iluminado me dejo, simplemente sin palabras.
   Era un sótano, si, pero muy limpio e iluminado y, literalmente, lo único que se hallaba en el era un gigantesco y hermoso piano.
    El instrumento favorito de Mariana, mi mejor amiga.
    -¿Te gusta? -me preguntó mirándome fijamente.
    -Me encanta -contesté mirando aquel hermoso instrumento con fascinación.
    -Era de papá -dijo con orgullo.
    -¿Tocaba el piano? -Le pregunté, ahora mirándolo a él.
    -Si -miró con amor hacia donde se encontraba el piano, pero luego hablo con tristeza- creo que mamá no sabe nada de este lugar, nunca lo mencionó y ni siquiera se si recuerda que esto existe.
    -¿Tu sabes tocar? -le pregunté sonriendo.
    -¿Quieres escucharme? -preguntó con timidez.
    -Claro que si.
    -Esta bien.
    Se sentó en el banquillo y me hizo una seña para que me sentara a su lado, me senté. Dante cerró los ojos y respiró hondo. Luego comenzó a tocar una canción que yo nunca había escuchado. Tocaba el piano realmente con pasión y eso le daba un poco de vida a aquel sótano tan cerrado.
    Se me llenaron los ojos de lágrimas de emoción. La canción era hermosa, y sentí que gracias a Dante pude revivir un hermoso momento con Mariana. Ese era su instrumento, no el mio. Recordé que ella siempre me hacia sentarme con ella como estaba en aquel preciso momento con Dante cada vez que quería tocar. Respiraba de la misma manera y su pasión por lo que hacía... Oh, esa era mi parte favorita, ella amaba lo que hacía. Y Dante amaba su música.
  Podría haber estado horas escuchando aquella hermosa melodía. Era relajante, era original y después de unos minutos, me di cuenta de que era de Dante.
   Estuvimos un largo rato sin hablar, él tocaba una canción tras otra y yo lo escuchaba con admiración y sin cansancio. Hacía más de dos años que no sentía la textura de el banquillo de un piano, pero me di cuenta de que lo que extrañaba más que nada, era escuchar el sonido tan acogedor de un piano.
    
    Después de estar aproximadamente una hora allí, nos dimos cuenta de que si no volvíamos, su madre se iba a dar cuanta de donde estábamos y Dante iba a tener problemas. Además, según nuestro cálculos, ya estaba por ir a buscarme Aiden.
   Nos levantamos del banquillo para irnos. Dante se quedó al pie de la escalera, yo subí, abrí la puerta despacio para asegurarme de que no había nadie y el apagó a luz, trancó la puerta con el candado y le puso el cuadro adelante. Subimos a la habitación y ordenamos las cosas que usamos. En ese rato le pregunté sobre esa puerta, él dijo que era secreta. Su madre no sabía nada acerca de ella. Y él la descubrió un día que ya no aguantaba más nada y ya no le quedaban escondites en su casa para escapar de los llantos y el silencio ensordecedor de aquel espacio tan vacío que en algún momento había sido su hogar. Me contó que ese día corrió a esconderse y se acordó de el viejo armario detrás de la cocina, el armario lleno de cosas viejas que ya no servían o que ya nadie usaba, se escondió ahí esperando olvidarse de todo el dolor que ocupaba su mente y su cuerpo. Él iba cada vez que necesitaba refugio, o un lugar en donde llorar. Un día, después de ver a su madre más recuperada de la muerte de su padre, él se dio cuenta de que era la única persona que aún seguía totalmente destruía por la pérdida, entonces se encerró a llorar. Dice que se tiró con tanta brusquedad en el suelo que casi rompe el cuadro. Pero sintió que algo sonó detrás del objeto, algo hueco. La curiosidad ganó. Movió el cuadro y vio aquella puerta tan pequeña como para que una persona alta pudiera pasar erguida. No tenía tranca o algún método de seguridad que la protegiera, solo tenia una conexión de metal con la pared para un candado, que alguien había olvidado colocar. Subió rápidamente a su habitación a buscar una linterna para poder entrar en aquel lugar. Cuando entró, según me dijo, fue el momento más nostálgico y feliz desde que su padre falleció, pues había descubierto donde se encontraba el enorme piano que, desde pequeño, su papá le enseñó a tocar. Encontró la enorme entrada que habían usado para poder meter el piano en aquel lugar, pero estaba sellada. Desde aquel día, su vida fue más tolerable. Él convirtió aquel sótano en un refugio personal en el que nadie, salvo yo, la chica que en verdad lo comprendía, pudo entrar con él.
    Fue una historia fascinante, después de todo, yo era, literalmente, la única persona que la había escuchado. Después bajamos a esperar a mi primo, que a las ocho en punto estaba en la puerta.

    Llegué a casa y había una muchacha joven cocinando la cena. La miré y papá me dijo que ella era la nueva empleada doméstica, que al día siguiente tenía que ir a la hora que Aiden y yo llegábamos a casa, la saludé e intenté escabullirme a mi dormitorio sin mucho éxito.
   -¿Cómo te fue, Amy? -Preguntó papá.
   -Bien.
   -¿Puedo ver el trabajo?
   -No, lo tiene Dante, después de que esté corregido será mio.
   -Oh, esta bien. ¿Qué vas a hacer ahora?
   -Me iré a mi habitación...
   -Esta bien.
   Entre e mi cuarto y cerré la puerta. Era imposible no pensar en el fantástico día que había tenido con Dante. Era difícil creer que estuviera yo sola ahí y con una sonrisa.

lunes, 18 de mayo de 2015

Capitulo 4

   -¿A donde fuiste con ese chico? -me preguntó Aiden haciéndose el distraído.
  -Ese Chico se llama Dante y fuimos a dar una vuelta... -Hice una pausa.- No pensaste que te esperaría dos horas sentada en un banco como una idiota, ¿verdad? -Lo miré fijamente, pues ya sabía su respuesta.
   -Creí que cuando yo llegara ibas a estar en ese banco leyendo, como hiciste ayer. 
  -Bueno, no fue así. -Dije cortante.- ¿Por qué te castigaron? -le pregunté con un aire maternal, enojada.
    -Ah... sobre eso... no le digas a tu padre.
    -No le diré si me dices porque te castigaron.
   -No lo hicieron. -Dijo con tono de arrepentimiento y la mirada fija en el suelo.
   -Claro, justo tu te quedaste en ese reclusorio dos horas de más por puro placer. -Dije con sarcasmo.- Me vienes a mentir justo a mi.
  -Amy, solo créeme, no me castigaron. -Me dijo en tono serio pero con sinceridad.
  -¿Entonces por qué justo hoy que yo salí dos horas más temprano, tu no podías venir a buscarme? -Insistí- ¿Qué hiciste, Aiden?
    -No recuerdo que  fueras tan terca. -Dijo con una sonrisa, pero la mirada aún estaba en el suelo.
    -No quieras cambiarme el tema.
   -Esta bien, tu ganas. -Se rindió.- Conocí a una chica... -se sonrojó y esperó mi respuesta.
  -¿Y no era mas fácil decirme la verdad desde el principio? -Pregunté con media sonrisa en el rostro y la mirada fija en él.
   -No Amy -se rió entre dientes- la conocí hace poco -volvió a sonreir- la conocí hoy a decir verdad.
   -¿Hoy, Aiden? ¿Y ya saliste con ella? -Pregunte riéndome.
   -Si niña, ¿que tanto te preocupas por mi?
  -No, no por ti. ¡Me preocupa la pobre chica acosada! -ambos nos reímos con ganas.
    -Créeme primita, no acose a esa chica. En todo caso ella me acosó a mi.
   No quise saber mas de ese tema, así que le deje la ultima palabra y los dos seguimos sonrientes.
    Cuando llegamos al hospital nos reportamos y esperamos a que me llamaran. Estábamos los dos en silencio, ya que mi primo miraba la pantalla de su celular con cara de idiota y yo tenía la firme sospecha de que hablaba con esa chica. Igual, si no era ella, no quería ni por asomo saber de quien o de que se trataba. 
  Estuvimos mucho rato esperando a que me llamaran y ya estaba aburriéndome mucho. Cuando finalmente me dispuse a sacar mi libro para entretenerme un poco, la psicóloga llamó.
   Mi cita con ella duraba una larga y muy aburrida hora. Pero quisiera o no, tenía que ir. No me caía bien la persona que me atendía, mi papá me obligaba a ir y era para nada, ya que esa desconocida no me prestaba atención ninguna ni yo a ella. Cuando al fin se terminó aquella hora infinita nos fuimos.

     Llegamos a mi casa y papá estaba preparando la cena, faltaban como cuatro horas para que cenáramos, pero él se entiende. Mientras él hacía lo suyo, yo lo acompañaba y lo escuchaba. Me contó que al día siguiente iría a casa una empleada doméstica, y que estaba por entrevistar a una nueva chica. Ya era hora. Ninguno de nosotros toleraba encargarse de la casa, pero a papá no le gustaba que hubieran desconocidos husmeando en nuestras cosas. Por lo visto Aiden le habló de lo mucho que necesitábamos que alguien se encargara de todo esto, y funcionó.
   Merendé mientras papá no paraba de hablar y luego subí a mi habitación a hacer mi tarea. Un par de horas después sentí que mi padre me llamaba para cenar. Cenamos, me duché y me acosté a dormir.

   Esa noche fue tranquila, mi mamá, por primera vez en semanas, no estuvo en mi sueño. Pero lo raro fue que si estuvo Dante.
    Soñé que iba caminando por un calle, yo sola, estaba feliz. Y de la nada, el hermoso día que había quedaba completamente oscuro y yo quedaba completamente desorientada, pero aún así seguía caminado, con miedo, pero sin parar. De repente me tropecé y casi caigo a un pozo, pero alguien tomó mi mano y no caí. El día aclaró, nuevamente, era un día hermoso. Me detuve un momento a mirar a mi salvador y quede realmente sorprendida cuando vi que era Dante. Comencé a escuchar llantos y me di cuenta de que venían de aquel abismo aterrador, esos llantos me eran muy familiares. Eran míos. 
   En mi sueño, Dante me salvó de mi peor amenaza. Me salvó de mi misma.
   Me desperté al sentir que alguien me miraba. Aiden estaba en la puerta de mi habitación, inmóvil y mirándome serio.
    -¿Aiden? ¿Pasa algo? -Pregunté a la vez que me sentaba en la cama.
    -Eh, no, nada -dijo nervioso.
    -¿Y qué estas haciendo ahí?
    -Tenía miedo de que te despertaras y yo no estuviera ahí, como el otro día... -Agachó la cabeza al decir eso.
    -Aiden, no me escuchaste... -dije y me aclaré la garganta, luego me corregí- yo no grité. 
    -Pero dijiste que habías soñado lo mismo
   -Si, pero no se que pasó -quedamos en silencio por unos segundos-. ¿Hace cuánto tiempo que estas ahí?
    -No se, hace un rato. No puedo dormir.
   -¿Qué hora es? -Me fijé en el reloj de mesa y eran las tres y media de la madrugada- Es plena madrugada, Aiden.
    -Lo se, pero aun así, no puedo dormir -lo miré pensativa.
   -¿Quieres quedarte aquí? -me miró como si le hubiera dicho algo imposible- Te quedaras tranquilo y podrás dormir, supongo.
    -Esta bien.
   Le hice un lugar en la cama y se durmió antes de que yo pudiera encontrar una manera de acomodarme. Me quedé un rato mirando al techo, desvelada. Me gustaba saber que le importaba a mi primo. Por mucho tiempo me sentí una verdadera carga, para él y para papá, pero por lo que había comprobado, no era así.
   A la mañana papá golpeó la puerta y le dije que pasara, creí que lo de que mi primo durmiera conmigo fue solo un sueño absurdo, pero no. Le dije a papá que pasara y nos quedó mirando totalmente desconcertado.
    -Bien, ¿qué hace Aiden durmiendo aquí? -Pregunto serio.
   -Anoche estaba preocupado por mi y no podía dormir, vino como un niño pequeño a cuidarme para estar aquí si me despertaba, pero yo sabía que no iba a gritar y le dije que se acostara conmigo para que estuviera tranquilo y descansara. -Me miro pensativo- y esa es la historia.
    -Ah, está bien. Como no te escuché durante toda la noche, creí que Aiden te había escuchado antes que yo, pero bueno.
     -Tío, no quiero que pienses mal. Amy es mi hermana. -Dijo Aiden con voz de dormido, pero amable.
   -Tranquilo, yo lo se perfectamente. -Nos dedicó una sonrisa y comenzó a caminar- Arriba chicos, hay que desayunar.
    Nos levantamos, a las seis de la mañana, y bajamos a desayunar. Luego subí a mi habitación y me duché, me puse el uniforme y bajé.
   Papá tenía que esperar a que la empleada doméstica que había contratado llegara a casa, yo sabía que iba de mañana, pero no tenía ni idea de a que hora. Entonces papá le preguntó a mi primo si no se quería llevar uno de sus autos, le dijo que me dejara en el colegio y que después me pasara a buscar. Como era de esperar, Aiden no dijo que no, y felizmente tomó la llave del auto.
   Yo llegué un rato antes de que sonara el timbre de entrada, como veinte minutos antes, si no, Aiden llegaba tarde. Pero lo que me sorprendió fue ver que ahí estaba Dante. Era en serio lo de que aquella vez iba a ser su última llegada tarde a clases.
    -Hola Amy -dijo con un sonrisa en su rostro.
    -Hola -conteste gentil.
    -¿Qué haces aquí tan temprano?
   -Mi primo me tenía que traer antes porque si no llegaba tarde él... -lo mire pensativa- pero la verdadera pregunta es, ¿qué haces tú aquí tan temprano?
   -Vine temprano porque tenía que ir a la biblioteca por un libro de matemá-ticas.
    -¿¡Qué tu que!? -Pregunté asombrada.
    -Aunque no parezca, si estudio, Amy.
   -Okey, esto es demasiado impresionante a decir vedad. -Él se rió-. Pero, ¿para qué?
    -El próximo lunes creo que tenemos una prueba de matemáticas y no quiero tener la materia con poca nota, aunque eso esta difícil porque realmente no entiendo nada. -Dijo mientras miraba un libro que sostenía en su mano.
    -A ver -dije extendiendo mi mano- prestamelo, lo quiero ver. -Me lo dio-. Este es un libro muy difícil de entender, podrías haber sacado cualquier otro -dije mientras observaba las páginas- otro mas fácil de entender. -Se lo devolví.     -¿Alguna vez lo leíste?
    -Si, por eso se que es difícil.
    -¿Tú eres buena para las matemáticas? -Preguntó pensativo.
    -Si, por... -lo miré- no.
    -Ay vamos, ayúdame. -Hizo cara de perrito mojado, y bueno...- Por favor.
    -Dante...
    -Por favor
    -Pero...
    -Por favor -lo pensé por un momento.
    -Está bien.
   No nos dimos cuenta de que ya estaba por sonar el timbre y que cada persona que pasaba a nuestro lado nos miraba. Claro, el chico popular Dante Starcovich, con esa chica que nadie sabe quien es, solo que es muy rara y anti social. Si, así es como nos miraban los demás, pero pareció que Dante lo ignoraba por completo. Así que traté de hacer o mismo.
    Caminamos hasta el salón de clases hablando y arreglando como íbamos a hacer ya que estábamos a jueves. Al final quedamos de ir el sábado por la tarde al parque donde fuimos a tomar un helado, no sabíamos si el clima iba a ayudar, pero valía tomar el riesgo, si el clima no se ponía de nuestro lado, estaba mi casa.
    Llegamos al salón y estaba la señorita Nieves que sonriente felicitó a Dante por que se había enterado de que últimamente estaba llegando a clases en hora, y de paso agregó que yo era una buena influencia para el chico, cosa con la que no estuve de acuerdo en absoluto. Pero por lo visto él si. Disfruté bastante la clase de Historia, pero al final la profesora nos mandó una tarea para hacer en equipo. Y como era de esperar, me tocó con la persona sonriente que tenía al lado. Varias chicas me miraron enojadas, pero no era mi culpa, lo había mandado la profesora y ninguno de los dos había protestado. El problema era que el trabajo era para el día siguiente y yo no sabía que hacer. Pero Dante me dijo que si quería ir a su casa a hacerlo ese mismo día no había problema.
   El resto de la mañana no fue muy interesante que digamos. Después de la clase de Historia solo desee que se terminara aquella mañana tan aburrida. A la salida no tuve que esperar a Aiden porque él estaba ahí, en el auto. Pero le tenía que decir lo del trabajo, sabía que no le gustaría mucho la idea, pero lo tenía que hacer si o si.
   Dante me acompañó y le pregunté si su madre lo iría a buscar, dijo que no porque tenía mucho trabajo, entonces nos acercamos a Aiden. Él llamó a papá para avisarle lo del trabajo, papá le dijo que estaba bien, pero que quería que para las ocho de la noche estuviera todo pronto y también dijo que quería que Aiden nos llevara hasta su casa. 
    Como también era de esperar, Aiden no se negó.

jueves, 16 de abril de 2015

A mis lectores/as...

Hola, me disculpo por no subir capítulos tan seguido, pero al empezar las clases se me complico, ya que no tengo tanto tiempo como en verano. Además de que esta no es la única página que tengo.
Pero en fin, acá les dejo el link de la página nueva y espero opiniones, http://historias-nuevas.blogspot.com/.
Espero que les guste y muchas gracias, las quiero!!

viernes, 10 de abril de 2015

Hola!!

Queridas lectoras, le aviso que como tengo historias que no son como para hacer un blog entero para cada una de ellas, voy a hacer una página a parte para incluirlas a todas en una, cuando lo tenga listo le avisaré. Muchas gracias a todos/as, pronto estaré subiendo nuevos capítulos. 

viernes, 30 de enero de 2015

Capitulo 3

    Esta vez mi pesadilla no fue como las demás, fue aterradora.  
  Mi mamá y yo estábamos en un bosque oscuro, ella estaba vestida de blanco y yo estaba de negro. Al rededor de ella se veía una luz, era como una luz blanca y sin embargo yo, era todo lo contrario. Estaba abatida, apagada, estaba asustada. Mi madre estaba tranquila y me miraba con incertidumbre, mientras yo miraba para todos lados, como si buscara algo para poder orientarme, como si buscara alguna respuesta, pero el problema era que para encontrar una res-puesta, primero debía conocer la pregunta. Estuvimos un largo rato así, hasta que fue mamá la que rompió el silencio.
   -¿Qué te pasa, Amy? -Me pregunto con intriga.
   -Ella no me deja en paz -Contesté mirando mis manos temblorosas.
   -¿Ella? ¿Quién es ''ella''?
   -Ella mamá -no apartaba la vista de mis manos.- La que me lastima, la que me entristece, la que me molesta, la que no encuentra nunca paz interior.
  -¿Quien es, Amy? ¿Quién es ella? -Mamá aun seguía estando totalmente tranquila.
   -¡¡ES ELLA!! -Le grite mirándola a la cara con los ojos desquiciados y lagrimas recorriendo mis mejillas.- ¡¡ELLA ES PARTE DE MI ESENCIA, ELLA ES PARTE DE MI!!
   -Espera Amy, tranquila... -De nuevo me miraba las manos-. Dime quien es y tal vez pueda ayudarte hija...
   -Nadie la conoce mejor que yo -dij con un hilo de voz.
   -¿Qué? -Preguntó mamá entrecerrando los ojos con miedo.
   -¡NADIE LA CONOCE COMO YO!
   -Amy...
   -Mamá.- La mire a los ojos.- ¡¡ELLA SOY YO!!
  En ese momento di un grito desgarrador al aire pero, aun así, no podía despertarme. Todo era muy real. Yo seguía gritando y sentía como toda la piel se me abría. Tenía gran parte del cuerpo en carne viva, pero seguía gritando. Quería salir pronto de esa fantasía que intentaba matarme. Quería que me abandonara en ese mismo momento ese dolor insoportable que me estaba torturando. Y cuando pensé que iba a pasar horas así, me desperté.
  -¡¡Amy, Amy, Amy!! ¿Estas bien? -Estaban Aiden y mi padre juntos, mirándome con caras de locos.- ¡¡AMY!! -Gritó Aiden.
  -¡¿Qué!? -Apenas podía hablar, sentía como que tenía las cuerdas vocales reventadas.
  -Hija, ¿que soñaste?, nunca habías gritado así -Papá sonaba y se veía asustado.
   -Nada, nada... ¿Que hora es? -Estaba muy ronca.
  -Ya te tienes que levantar, pero puedes quedarte en casa si no quieres ir al colegio.
 -No puedo faltar el segundo día, vallan tranquilos a aprontarse, voy a ducharme. -Dije con la garganta rasposa.
   Me bañé, me apronté y baje a desayunar. Me preparé un té y le puse un poco de limón, mi garganta mejoró un poco con eso, pero solo un poco. Papá me recordó que ese día tenía que ir con la psicóloga y yo le hice cara rara como siempre, ya que eso significaba una pérdida total de tiempo.
  Terminamos de desayunar y nos fuimos. Llegué cinco minutos antes de que dieran comienzo a la clase, Dante ya estaba en su pupitre, hablando con los chicos populares, me saludó con una de sus sonrisas y el profesor dio comienzo a la clase. Hoy empezábamos con Ciencias Físicas. Al final de la clase el profesor me llamó a parte y me felicitó diciendo que había leído mi expediente y que estaba demostrando ser una buena alumna, también me dio la bienvenida.
  A la cuarta hora nos dijeron que los dos últimos profesores habían faltado, que podíamos retirarnos. Llamé a Aiden y me dijo que estaba castigado hasta la una y media de la tarde, que lo esperara que él iba salir y pasaba por el colegio. Genial, una hora y media mas, encerrada aquí. Cuando me dispuse a sacar el libro y leer para pasar el rato, apareció Dante.
  -Amy -dijo con alegría.
  -Dante -le dije, y luego seguí leyendo.
  -¿Vas a hacer algo?
  -No me voy a librar de ti, ¿cierto? -Pregunté y lo miré.
  -Probablemente no -me dijo sonriendo.- ¿Pero vas a hacer algo?
  -No, ¿Por qué? -Dije cerrando el libro. 
  -¿Qué te parece si vamos a tomar un helado o algo?
  -¿Ahora? -Lo miré asombrada.
  -Claro
  -No acostumbro salir con personas que no conozco...
 -No sería un extraño si me conocieras... -Hizo una pausa y luego prosiguió sonriendo.- Mira, no se si tu me quieres conocer, pero yo a ti si, tengo la sensación de que me vas a caer bien.
 -No soy buena haciendo amigos, Dante. -Dije, y luego hice un gesto de resignación. 
   Realmente no era buena haciendo amigos.
  -Bueno, entonces solo se tu y salgamos a tomar un helado, además me di cuenta de estas un poco mal de la garganta y el helado es bueno para eso -me miró fijamente por un instante y luego continuó.- Yo sabré de ti y tu, tal vez, recuperarás tu garganta. Ambos quedamos felices y, a mi, me parece un trato justo. 
  -No se... -Hice una pausa, tal vez solo tenia que aceptar y tomar el riesgo. Ayer Dante había conseguido hacerme sonreír. Tal vez tenía razón y solo tenía que ser yo, tal vez si podíamos ser amigos.- Esta bien...
   -¡Genial! -Exclamó con una risa amplia.
   -Espera, solo un rato, ¿está bien?
   -Perfecto.
  Dante dijo que conocía una heladería muy buena, que quedaba cerca del colegio y había un buen clima, así que fuimos caminando.
  Empezó a hacerme preguntas en el camino, pero las evadí. No había confianza suficiente como para que supiera mucho de mi ''vida''. Así, que solo le hice un par de preguntas y deje que él hablara.
   Me enteré de que Dante hacía artes marciales desde pequeño, que tocaba la guitarra y que le gustaba cantar, dijo que no era muy bueno en lo último pero que no le importaba mucho ya que solo lo hacía cuando estaba aburrido y solo. Su madre era dueña de un centro de estética y él no tenía hermanos. Dijo que solo tenía dos primas que eran como sus hermanas, también mencionó que venían a este mismo colegio pero que estaban en distintas clases. Luego me contó que tenía quince años de edad y que había repetido sexto grado en la primaria. Cuando pregunté porque había repetido, el contestó algo que yo no me esperaba. Su padre había muerto hacía ya tres años y eso le había causado una depresión tan profunda, que se encerró en su habitación y solo comía y dormía, también mencionó que dormía mas de lo que comía y que con suerte se bañaba, que no vio a su familia por mucho tiempo y que su madre, se estuvo tratando con un psicólogo porque no podía ni con su vida. Dante me dio a entender que sus padres realmente se amaban y que los tres eran muy unidos, dijo que ese fue el motivo de su depresión. Su respuesta me tomó realmente por sorpresa. No parecía que un chico como él, hubiera tenido tantos problemas, no parecía que hubiera sufrido tanto. Era increíble lo que estaba escuchando. No por el hecho de que fuera una persona que daba a entender (si no sabías todo lo anteriormente mencionado) que su mayor preocupación en la vida había sido aprender a afeitarse, si no, porque simplemente no parecía que ese chico fuerte, esbelto, atractivo y excesivamente alegre hubiera aprendido a crecer guardando sus problemas. Me dejó muy en claro que desde que el tuvo ese año asquerosamente malo, no deja de ayudar a quien puede. Y tampoco he dejado de notar de que habla con muchísimo orgullo de su familia. Quien pudiera.   
  Llegamos a la heladería, que estaba casi vacía, cuando faltaban veinte minutos para la una.
   -¡Hola Dante! -Le dijo sonrientemente uno de los chicos que vendía helados.
   -¡Hola! ¿Como estas? -Le preguntó Dante de la misma manera.
   -Bien, ¿y tu?
   -Muy bien.
   -¡Genial! ¿De que quieren sus helados chicos?
   -¿De que lo quieres Amy? -Me preguntó Dante.
   -Sorprendeme. -Contesté abriendo notoriamente mis ojos.
   -Bien. -Me sonrió y terminó por decidirse por dos helados de chocolate.
   Delante de la heladería había algo así como un parque, ahí había una fuente hermosa y habían bancos debajo de unos árboles enormes que les hacían sombra. Cruzamos la calle y fuimos para ahí a tomar los helados. 
   Dante ya me había contado demasiado sobre él en el camino, aunque yo no me cansaba de escucharlo. Pero como era de esperar, él también quería saber sobre mi, así que en algún momento iba a tener que dejar de evadir sus preguntas y en lugar de eso, iba a tener que responderlas. 
   -¿Y bien? -Preguntó mirando la fuente y pasando la cuchara por el helado para llevársela a la boca.
    -¿Y bien que? -Pregunté de la misma manera.
   -Quedamos en que yo iba a saber de ti y terminé contándote todo sobre mi, sin saber nada de ti. -Me miró.- Cuéntame de ti.
    -Mi vida no es muy interesante que digamos.
    -Esta bien, ¿Cual es tu edad?
    -Tengo catorce años.
    -¿Tienes pasatiempos?
    -Ninguno.
    -¿Amigos?
    -No tengo. -Me miró con brusquedad.
    -¿Que no tienes amigos? -Negué con la cabeza. -¿Ni uno solo?
    -No.
    -¿Con quién vives?
    -Con mi padre y mi primo.
    -¿Tus padres están separados? 
    -Algo así... -Me había empezado a doler la cabeza.- Si
    -¿Algo así? -Preguntó un poco extrañado.
    -Mi madre murió hace un año
    -Oh, lo siento mucho. -Dijo un poco avergonzado. o, mejor dicho, apenado.
    -No importa. -Lo mire y sonreí para que no se sintiera mal.
   -¿Pero por qué no tienes amigos? -Respiré hondo. No sabía si era correcto decirle la verdad. Él me inspiraba confianza, así que opté por decirle.
    -Tuve un problema hace un tiempo y, desde entonces, no logré comunicarme con nadie como para entablar una amistad. -Le dije la verdad, increíble.
    -¿Qué problema?
    -Mi mejor amiga, ella...falleció hace dos años. -Le dije, y luego miré al suelo, pensando.
    -¿Qué? -Me preguntó asombrado.- ¿Cómo?
  -Es una larga historia, prefiero no hablar de eso. En otro momento te lo contaré.
    -Esta bien, como quieras. -Dijo sonriendo. Dante realmente tenía una sonrisa atractiva. En realidad, el en general era atractivo.
   -Dante, ya van a ser las dos y tenemos que irnos.
   -Como diga, señorita -dijo sonriendo.
  Nos levantamos de el banco en el cual estábamos sentados y empezamos a caminar de vuelta al colegio. Solo lo dejé hablar a él. Me hablaba de sus canciones y que estaba pensando en formar una banda, pero que aún no encontraba personas que se lo tomaran en serio. Me sorprendió lo bien que estaba pasando ese rato con Dante, era una sensación agradable. No me sentía como siempre. Era como si fuera yo, como si hubiera descubierto una parte de mi que no conocía. 
  Cuando estábamos por llegar al colegio me sonó el celular. Era mi primo preguntándome donde estaba y diciendo que me estaba esperando, que llegaríamos tarde y todo eso. Con lo bien que estaba pasando, ya hasta se me había olvidado que ese día tenía psicólogo. Después de cortar la llamada me fijé en la hora y ya eran las dos y diez. Nos apresuramos y llegamos en cinco minutos desde donde estábamos. Cuando llegamos a al colegio estaba Aiden sentado en el mismo banco que yo lo había esperado el día anterior. Yo no quería pero Dante me acompañó hasta donde estaba mi primo y lo saludó. Genial.
   -¿Amy, donde...? -Y se dio cuenta de que no estaba sola.- Hola, ¿tu quien eres? -Preguntó en un tono amable, lo cual me sorprendió.
   -Soy Dante, compañero de clases de Amy. -Le dijo estrechándole la mano, demasiada formalidad para mi gusto, ya que ni siquiera era mi amigo.
   -Genial, yo soy Aiden, su primo. -Le dijo sonriendo y Dante le devolvió la sonrisa. Me sentía verdaderamente rara ahí, con ellos.- Bueno pequeña, nos tenemos que ir, se nos va a hacer tarde.
   -Ah, si, claro. Hasta mañana Dante. -Le dije saludándolo con la mano mien-tras me iba.
    -Hasta mañana Amy.
   Caminamos un par de cuadras y encontramos una estación de Taxis, pedimos uno para la clínica. Fuimos en silencio. No quise hablar, porque si hablaba, sabía perfectamente que me caerían preguntas de todo tipo. Pero aun así, el silencio nos duró muy poco. Para variar.
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Bien, ya se que es corto, pero como no quiero hacer eso de estar muchos meses sin publicar, prefiero dejarles esto. Espero que les guste y le prometo un próximo capitulo fantástico. Gracias :')

domingo, 25 de enero de 2015

Capitulo 2

  Y volvimos a lo mismo. Me desperté de la misma manera que la noche anterior, pero creo que no grité, no vinieron ni mi padre, ni mi primo. Creí que sería bueno dejarlos descansar un poco, ya que por mi culpa, hacía meses que no dormían ninguno de los dos. 
   Me preparé la bañera y me quedé ahí un rato, faltaban tres horas para ir al colegio, así que de alguna manera tenía que matar el tiempo, después de un rato me aburrí y me vestí, ya tenía todo pronto para comenzar el día. Bajé a la cocina y desayuné. En ese momento bajó Aiden y luego papá, también estaban ambos con todo listo para ponerse en marcha.
    -Buen día hijita-. Dijo papá tan sonriente como siempre.
   -Hola primita-. Me dijo Aiden dándome un beso en la frente, de repente me miraron los dos con caras raras. Parecían intrigados. 
    -Amy, ¿te sientes bien?-. Me preguntó papá. 
    -Si, ¿por qué?
    -¿Como dormiste?-. Preguntó mi primo.
    -Como siempre, ¿por?
    -Porque estas rara
    -¿Rara como, Aiden?
  -No se, hoy no sentí ningún grito, nosotros pudimos descansar y cuando bajamos tu estabas aquí tranquila...¿será que el comienzo de tus clases te ayudó un poco?
   -No, soñé lo mismo que vengo soñando hace una semana. La diferencia es que hoy no grité y me pude despertar yo sola. Pensé que les gustaría dormir aunque sea una noche de corrido y solo los dejé. No quería molestarlos otra vez.
    -Amy, tu no eres una molestia. -Dijo mi padre.
  -Ay, papá, es mi primer día y no quiero llegar tarde. Si dejaras esta conversación para otro momento, te lo agradecería en serio, créeme.
    -Bueno, está bien. Me termino mi café y nos largamos.
    La hora del desayuno fue bastante soportable, pero eso era lo de menos. Lo que mas me importaba, era como seguiría el resto de mi día, pero luego se me fue la preocupación, ya que hoy y el resto del año, mi plan era prestar atención a todas las clases y tratar de no tener ningún colapso depresivo, así podía dejar a papá y a Aiden tranquilos por al menos un tiempo. 
   Dejamos primero a Aiden en la secundaría y luego papá me iba a dejar a mi. Ya eran las siete quince de la mañana y tenía que estar en el colegio a las ocho, iba a llegar demasiado temprano, así que tome como nota mental no decirle a papá que llegaría tarde a ningún otro lado, sin antes fijarme la hora.
   Cuando llegamos faltaban diez minutos para las ocho, el transito estaba muy lento. Papá estacionó el auto en la calle y entro al edificio conmigo, ya que antes de pasar a mi primera clase tenía que pasar por la oficina de la secretaria para que me diera todos los horarios. Fue horrible el acordarme de que tenía seis horas de clase. La primer materia que tendría sería Historia, ''Bien'', pensé, ''Al menos empiezo con algo que me gusta y se me da bien.'' 
   Ya eran siete y cincuenta y nueve cuando entré a la sala. Había una mucha-cha muy elegante y joven, supuse que ella sería la profesora.
   -¿Tu eres Amy Turner? -Preguntó la chica.
   -Emm...si, soy yo. -Contesté con un toque de timidez.
   -Un gusto, yo soy la profesora Nieves. -Me dijo con una sonrisa, mientras me extendía la mano.- Yo soy tu profesora de historia, Amy. Ahí hay un asiento libre, ese podría ser tu lugar. -Dijo señalando al centro de la sala.
  ¡O genial, el centro de la clase! Excelente comienzo. Fui y me senté. La profesora estaba repasando la lista de estudiantes y cuando dijo un apellido un tanto raro, un chico entro corriendo a la sala. Era alto, su piel era de un tono caribeño, su cabello era corto, castaño claro y lacio, tenía el uniforme completo aunque un poco desprolijo, era muy típico de chico popular.
   -¡¡Aquí!! -Gritó levantando la mano y luego se aclaró la garganta.- Perdón, aquí estoy, le prometo que esta es la ultima vez que llego tarde. -Estaba agitado así que tomó un poco de aire.- ¿Puedo pasar? -En ese momento toda la clase se rió, incluso la profesora.
   -Es como la décima vez que me dices lo mismo niño. -Le contestó la profesora riendo.
   -Pero esta vez es en serio, ¿Puedo pasar ,Profesora?
   -Adelante, pasa.
  Él se sentó en el pupitre que estaba junto al mio, todos los chicos lo saludaban y las chicas también, pero ellas le coqueteaban. Yo solo mantuve la mirada al frente y punto.
   -Hola. -Me dijo sonriendo.
   -Hola. -Contesté y después le presté atención a lo que decía la profesora.
   La Profesora Nieves me caía bien y me gustaba como enseñaba pero ella fue la única. Los demás profesores eran casi todos adultos mayores y no eran tan agradables como Nieves. Pero, al menos para mi, eran tolerables, ya que solo iban a enseñar y yo solo iba a aprender lo que enseñaban.
   Aiden me había dicho que lo llamara cuando terminara la jornada así me iba a buscar y nos íbamos a almorzar juntos así que cuando terminé, eso fue lo que hice, me dijo que demoraría veinte minutos en llegar, que lo esperara en la entrada, así que saqué un libro y me senté en un banco que había en la entrada. No pasaron ni cinco minutos desde que empecé a leer que ya quedaban menos de veinte personas en la entrada y un chico se me acercó. Era el mismo que había entrado corriendo a la clase.
    -Hola de nuevo -me dijo con un tono alegre.
    -Hola. -Le contesté un poquito cortante, no quería hablar con nadie, así que clavé mis ojos en el libro.
    -¿Estas esperando a alguien?
    -¿Eso te importa? -Pregunté mientras cerraba el libro.
    -Si
    -¿Por qué?
   -Porque con lo guapo que soy, no me gustaría estar hablando con una chica que puede tener novio. No quiero que luego me busque un novio enfadado con ganas de matar a alguien. -Solté una carcajada.
    -Solo estoy esperando a mi primo -dije mientras guardaba el libro.
    -Oh, bien... -Hizo una pausa y se quedo mirando el lugar que había libre a mi lado.- ¿Me puedo sentar?
    -Claro
    -Eres la chica nueva, ¿verdad?
    -Si
    -¿Y como te llamas?
    -Amy Turner
   -Lindo nombre. Yo soy Dante, Dante Starcovich. -Me dijo con una reluciente sonrisa y extendiéndome la mano.
  -Tu eres el que llegó tarde a la clase, ¿cierto? -Pregunté estrechándole la mano.
   -Cierto.
  -¿Me podrías devolver mi mano, o es mucho pedir? -Pregunté en un tono serio y el se rió.
   -Lo lamento -dijo entre risas y después soltó mi mano. 
   -¿Y te vas a quedar aquí toda la tarde o no tienes que ir?
   -Estoy esperando a mi madre, me invitó a salir.
   -¿Una cita con tu mamá?
   -Ni mi madre puede resistirse a mi belleza. -Otra risa salió sola de mi boca.- ¿Qué te causa tanta gracia?
    -Nada, Dante. -Dije sonriendo.- Allí viene mi primo, adiós.
    -Bueno, me tendré que quedar aquí solo, está bien. Adiós Amy.
  Caminé hasta donde estaba mi primo y lo saludé, después empezamos a caminar juntos.
   -Que linda sonrisa tienes en ese rostro, sabía que algún día la volvería a ver. -Dijo Aiden también sonriendo.- ¿Quién era ese chico?
   -Un compañero de clases.
   -¿Solo eso? -Asentí con la cabeza.- ¿Y que te dijo que estas tan sonriente?
   -Solo bromas, me cayo bien, es un muchacho agradable.
   Así continuamos el todo el camino. Aiden me iba preguntando como me había ido en el colegio y si los profesores eran buenos, si enseñaban bien y todas esas cosas.
   Hacía mucho tiempo que no sonreía con sinceridad y también era la primera vez que hablaba con alguien que no fueran los doctores o con lo que quedaba de mi familia. Dante me había hecho sonreír, ni mi primo ni yo podíamos creerlo, no podíamos creer que yo estuviera hablando y riéndome con tanta naturalidad. Habían pasado mas de dos años desde la ultima vez que yo había podido comportarme como una persona decente, normal o como quieran llamar-lo. Tal vez esta vez si iba a funcionar este ''NUEVO COMIENZO'', tal vez no era tan malo hablar con las personas, pasar mas tiempo con Aiden. Pero no puedo confundirme, este solo fue el primer día y, todo producto recién comprado funciona bien.
   Llegamos a casa y seguimos con lo nuestro. Cada uno por su lado. Yo hice mis tareas, fui a cenar con mi padre y mi primo y después subí, me di una du-cha y me acosté a dormir pensando en lo bien que había estado mi día.
    Que lastima que esa sensación de paz duró tan poco.