viernes, 4 de diciembre de 2015

Capitulo 6

      El jueves por la noche me acosté y no hubieron pesadillas, pude dormir toda la noche muy tranquila. Y el viernes, al igual que el resto de la semana, no fue muy interesante. Fue lo mismo de los días anteriores, solo que al tener a la nueva chica trabajando en casa, fue todo un poco menos aburrido. 
   La empleada que papá contrató se llamaba Luciana. Era agradable, y muy atenta. Según yo, no pasaba de tener 25 años, pero Aiden y yo no nos fiamos mucho. Hacía bien su trabajo, si. Pero era muy agradable, de una manera casi empalagosa y por lo poco que sabemos de la vida mi primo y yo, nadie puede estar tan sonriente y mucho menos en un trabajo, por más placentero que sea. Y esta chica, no era la excepción de esa ley natural. Cuando papá llego del trabajo le dijo que al día siguiente no la necesitábamos, que podía tomarse el día libre.
   
    Y por fin llegó el sábado. 
  Como estaba casi previsto el clima no se puso de nuestra parte, o eso creíamos nosotros. 
    El día anterior Dante me había pedido mi número por si ocurría algo, y a las once de la mañana mientras me levantaba, sonó mi celular.
    -Amy -dijo alegre.
    -Dante -dije con voz de dormida.
    -¿Recién te despiertas? 
    -Si, me desperté hace un rato.
    -¿Ya viste la tormenta que hay? -Preguntó con emoción.
    -Si, ¿por qué estas tan emocionado?
    -Porque eso significa... -dejó la frase en el aire para que yo la terminara.
   -¿Qué puedo acostarme a dormir otra vez? -Pregunté con un toque leve de entusiasmo. 
    -No, eso sig... -dijo, y se quedó pensando, asimilando lo que yo acababa decir- ¡No niña! -Exclamó haciéndose el enojado y después rió.
    -Oh -dije con resignación y suspiré-. ¿Entonces qué?
    -¿Quieres venir a mi casa, o voy a la tuya?
    -No sabes donde vivo.
    -Pero tu sabes donde vivo yo.
    -No, hoy nos toca en mi casa.
    -Perfecto, ¿a qué hora?
    -¿A qué hora te parece?
    -¿Ahora?
    -¿¡Ya!? -Pregunté abriendo los ojos de repente.
    -Si.
    -Okey -dije con frustración, y los dos nos reímos- te mando la dirección en un mensaje de texto... -Quedamos unos segundos en silencio hasta que se me ocurrió algo- ¿te espero con una taza de chocolate caliente y galletas?
    -Sería una linda manera de comenzar el sábado... -Quedamos en silencio por unos segundos. Me dio la impresión de que estaba empezando amar esos silencios. No eran incómodos, y sabía que podía hablar de nuevo cuando quisiera porque él iba a estar del otro lado, escuchándome.
    -Esta bien, en un rato nos vemos -dije por fin, con una sonrisa algo tonta.
   Inmediatamente le envié mi dirección y bajé a la cocina corriendo para avisarle a papá que Dante iría a estudiar a casa y me dijo que estaba bien, pero que él no estaría en todo el día. Eso me preocupó, así que fui a hablar con Aiden para ver que iba a hacer y le expliqué lo de Dante. Me dijo que no tenía planes y que iba a estar todo el día con nosotros, Dante le había caído bien, era una buena señal. En fin, no era un problema que papá no estuviera en casa. Subí un poco más y volando a mi habitación. Busqué libros de matemáticas, cuadernos viejos, apuntes sueltos y muchísimas cosas más, para estar segura de que Dante no tuviera excusas para no estudiar. Después de tener todo pronto, bajé a la cocina para preparar el chocolate y hacer galletas.
   Hacía mucho que yo no cocinaba. Últimamente el que se ocupaba de eso era mi papá, ya que yo solo cocinaba con mi madre. 
  Mientras buscaba la receta y los ingredientes, papá se estaba yendo y, de una inesperada manera, Aiden corrió hacia la puerta gritando: ''¡¡HASTA LUEGO PRIMITA!!''. ''Primo traidor'', eso fue lo primero que se me vino a la cabeza. Pero bueno, un día con Dante no podía hacerme tanto daño. Siempre y cuando me concentrara en ayudarlo a estudiar.
  Después de unos cinco minutos de haber empezado a hacer las galletas sonó el timbre de mi casa.  
   -¿¡Quien es!? -Grité limpiándome las manos con un repasador.
   -¿¡A quién estas esperando!? -Preguntaron del otro lado.
  Corrí sonriente a abrir la puerta y ahí estaba él. Tenía el cabello empapado y despeinado, acompañado con una gran sonrisa. 
   Ese chico facilmente se podía considerar perfecto. 
   Entró a casa y se quitó la chaqueta de nailon que traía encima.
   -¿Estas con frío? -Le pregunte guiándolo a la cocina.
   -Mira lo que preguntas -dijo con sarcasmo-. ¿Te parece qué puedo tener frío?
   -Okey, fue una mala pregunta -dije riendo.
   -¿Qué haces aun en pijama? -Preguntó examinándome con la mirada, con una cara que me dio mucha gracia.
  -Es sábado y estoy cómoda. Además, no me diste tiempo a nada, solo a empezar la masa de las galletas y buscar los libros. Y no olvidemos que hiciste que madrugara.
    -Así que es mi culpa, bien.
   Dante se quitó la otra campera que tenía y se sentó en una silla. Luego de unos diez minutos dijo que estaba aburrido de verme a hacer galletas, pero que hacerlas, se veía divertido. Vi que se lavó las manos y después les empezó a dar formas. Muñecos, intentos de autos, corazones, intentos de casas, animales, árboles, en fin, muchísimas cosas imposibles de identificar a simple vista. Nos divertimos en ese rato, terminamos los dos llenos de harina y luego lavamos todo, juntos. Él era una buena compañía.
  Después de que terminamos de deformar mis galletas perfectamente redondas las metimos en el horno y preparamos el chocolate. Decidimos bajar los libros y todo lo que teníamos para estudiar a la cocina, ya que el horno había aumentado la temperatura de la habitación y estábamos a gusto.
   Tomábamos y comíamos mientras yo intentaba hacer que Dante entendiera algo de lo que estaba enseñándole, realmente era malo para las matemáticas.
   A eso de las dos de la tarde nos dispusimos a hacer el almuerzo, no teníamos mucha hambre, pero se nos estaba pasando la hora. Queríamos almorzar milanesas a la napolitana con puré de papas, pero terminamos pidiendo una pizza. Veíamos una película mientras comíamos, pero nos aburrimos y terminé por mostrarle toda mi casa. 
   Después de un rato llegué a la conclusión de que había sido un error.
  Recorrimos casi todo y, demoramos un largo rato, ya que mi casa era tan grande como la de él. Cuando llegamos a mi habitación nos detuvimos un momento, le llamó la atención ese lugar que para mi era tan maravilloso. Lo vi mirando mis libros, que la gran mayoría eran los mismos que él tenía. Observó mi dormitorio detenidamente y en silencio, después de unos minutos me miró intrigado.
  -No tienes fotos -dijo en tono de pregunta, pero era una afirmación se lo confirmé negando con la cabeza.- ¿Por qué?
   -No me gustan las fotos. Al menos no para tenerlas colgadas por todas partes.
   -¿Pero por qué no?
   -Me traen recuerdos.
   -¿Y eso es malo?
   -Siendo yo si.
   -Explícame -y lo dijo con una de esas sonrisas suyas que son capaz de dejar a cualquiera atontada.
   -Hay recuerdos que valen la pena, ya que se supone que en esos momentos fuimos felices, pero hay otros que solo sirven para amargarte la vida. Por un rato disfruto de esos buenos momentos pasados y luego me doy cuenta de que no van a volver, ni los recuerdos, ni las personas que están en ellos. Entonces empiezo a extrañar todo y a sentirme sola -me di cuenta de que sus ojos estaban fijamente en mi rostro, expectantes.- Y entonces es cuando llegan los otros recuerdos, a amargar mi existencia. Es por eso que no los necesito, o no los quiero. Las fotos son momentos, los momentos son recuerdos y no me gusta recordar. Es por eso que no hay fotos en mi habitación.
   Dante se quedó en silencio y siguió recorriendo el dormitorio, después de un rato de estar allí adentro y de ver todo lo que había, decidió que quería ir a la cocina. Bajamos en silencio. Me gustaban esos silencios, no eran incómodos y no hacían que me sintiera sola o ignorada. Pero más me gustaba escuchar su voz, era tranquilizadora cuando estábamos en privado.
    -Amy, quiero hacerte una pregunta... -dijo dudoso y sin mirarme a la cara, eso me sorprendió un poco.
   -Pregúntame -contesté.
   -Pero no se si estas lista para contestarla.
   -Mientras no me pidas matrimonio, no la evadiré.
   -Amy, es en serio -y entonces si me miró-. Pero si no me quieres contestar, no me molestaré, después de todo, no es un tema agradable como para hablarlo.
  -Preguntame, si no puedo contestar ahora, lo haré en otro momento, lo prometo.
    Su actitud repentinamente seria me dejo dudosa, pero su pregunta me dejó helada.
    -¿Qué fue lo que le pasó a tu mamá? 
    -¿Para qué quieres saber? -Pregunté con el rostro inexpresivo.
    -Me interesa saberlo.
    -No quiero hablar de eso.
    -Lo lamento.
    -Dante -lo miré a los ojos- olvídalo, ¿si?
    -Esta bien -dijo avergonzado y dimos por finalizado el tema.
    No se a que vino todo esto, no tengo ni idea de porque le vino esa duda tan repentina, ni ese interés por saber que fue lo que pasó. Lo único que se, es que en ese momento, inmediatamente comencé a desear que se olvidara de mi promesa y como vio mi expresión frente a su pregunta, supongoque, si no la olvida, intentará no recordarla. Pero después de todo, pasamos un lindo día.
   Cuando estaba anocheciendo llegaron papá y Aiden a casa. Dante y yo aun estábamos en la cocina, nos escucharon y fueron derecho con nosotros. Aiden y Dante se saludaron como si fueran amigos y papá le estrechó la mano a Dante, quien sonaba simpático cuando dijo: ''Es un placer conocerlo, Señor Turner''. Me sentí realmente pequeña entre todos ellos, eran todos casi de la misma altura, super grandes. Pero me agradó ese ambiente. No hubo tensión, se hablaron con amabilidad y tomaron bastante confianza, era lindo tener un amigo.
    Papá preparó la cena y le preguntó a Dante si se quería quedar, él me miro a mi, como si esperara mi aprobación o algo así. Yo le dije que quería que se quedara con nosotros y... no fue muy difícil convencerlo. Cenamos todos juntos, hablando como cuando yo merendé en su casa con su madre. Fue una sensación agradable, realmente me gustaba aquel calor familiar. 
   Después de cenar, Dante se fue.
   Aiden y yo nos quedamos lavando los platos que usamos en la cena y, como era de esperar, me atacó con un interrogatorio que intenté evadir.
   -Vamos, Amy, cuentame -dijo riendo.
   -¿Qué quieres qué te cuente? -Pregunté en tono indiferente.
  -Como te fue hoy con Dante, que tal estuvo todo. ¿Se propasó? ¿Te besó? ¿Tengo que golpearlo? -Preguntó ansioso mientras secaba lo que yo le pasaba. 
   -Nos fue genial, logré que entendiera lo que no le entraba en la cabeza, nos divertimos cocinando las galletas, vimos una película, bueno, en realidad solo media película -me miró entrecerrando los ojos y yo me reí- no, no te imagines cosas. Pedimos una pizza y cuando la terminamos le enseñé la casa. No se propasó, ni me beso. Simplemente es mi amigo y los amigos no hacen eso, según tengo entendido. Dante es un buen chico.
   -Uy, es bueno escuchar eso, más que nada lo último -soltó otra risa.
   -¿Ves? Te puedes quedar tranquilo.
   Después de esa conversación nos quedamos un rato más en la cocina, me dijo que le dolía la garganta y me ofrecí a prepararle un te, de paso, le iba a preguntar porque motivo me abandonó y se fue corriendo. Fue gracioso verlo, sonreía mientras me contaba que tuvo una cita con la chica que conoció cuando supuestamente lo castigaron. 
   Primero al verlo sonreír, pensé que esto con esta chica, podía llegar a ir en serio, hasta que me dijo que la pobre era un desastre y muy presumida porque su madre era diseñadora, ''La idiota de verdad cree que puede tener a cualquiera solo porque tiene dinero -se rió con ganas- ¡Ni siquiera sus ''amigas'' la quieren!''. Después de desquitarse y contarme todo lo que ocurrió en esa cita desastrosa, me dijo que quería ir de compras conmigo. Al principio le dije que no, no me gusta salir, pero me convenció diciendo que quería pasar más tiempo conmigo porque soy como su hermana menor, me gustara o no. Terminé por decirle que no quería ir de compras pero que aceptaba si me invitaba un helado. El domingo por la tarde, tenía una cita con mi primo, quien ya era prácticamente mi amigo.
   Y al fin nos fuimos a acostar.
   En mi cabeza hice un repaso de todos los hechos del día y me di cuenta de que lo que más me atormentaba era la pregunta que me había hecho Dante. De verdad no quería contarle que era lo que había pasado con mi madre, no quería contarle el porque y muchísimo menos el como. Eran cosas que no podía y no quería revivir, porque una vez que lo hiciera, me iba a costar diez mil veces más de lo que ya me estaba costando el perdonarme a mi misma.
   Ya he hablado muchas veces de lo mismo con papá, mi terapeuta y mi primo, dicen que no fue mi culpa, pero yo se perfectamente que mis caprichos y berrinches de niña mal aprendida fueron lo que la mató, literalmente.

   La noche no fue muy buena para mi. Pesadilla tras pesadilla, en realidad, eran malos recuerdos alterados inconcientemente por mi, adaptados a lo que yo quería pensar que pasó. Eran mucho peores que los reales. Hay imágenes que nunca se olvidan, o peor, que siempre se recuerdan de esta manera. 
   No podía dejar de pensar en que si Dante no hubiese hecho esa maldita pregunta, mi noche no hubiese sido tan mala, pero tampoco podía echarle la culpa y lavarme las manos, porque esta no era la primera vez y yo sabía perfectamente que no iba a ser la última. Cuando desperté Aiden justo entro por la puerta de mi dormitorio y me miró,se sentó en mi cama en silencio y no dijo una palabra pasados unos segundos.
   -¿Qué pasó?
  -Nada, no parece que estuvieras durmiendo... ¿A ti te pasa algo? -Me apresuré a preguntar.
   -No puedo creer que creas que con eso va a terminar esta conversación, con que soñabas?
    -Lo de siempre -le dije mirando mis manos.
    -Sonaba peor.
    -¿Cómo lo sabes?
  -Porque he escuchado los de las veces anteriores, y no suenan tan mal comparados con esto -su expresión y su voz eran totalmente serenas.
    -Si hubiese sonado tan mal como dices, por qué papá aun está durmiendo? -Pregunté mirándolo a los ojos
  -Porque no te escuchó. -Entonces vio mis expresión esperando una explicación-. No eran gritos, o quejidos, esta vez decías cosas, cosas que no entendí muy bien -se me acercó más- ¿Amy, qué estabas soñando?
    -No importa, ve a dormir.
    -¿Amy, qué fue lo que te preguntó Dante? -Me preguntó muy serio.
    -¿Qué? -Quedé perpleja ante su pregunta.
    -Dime que fue lo que te dejó tan alterada como para que pasaras ta mal la noche entera, o si no, se lo pregunto a él.
    -No vas a preguntarle nada, y no te voy a decir nada porque Dante no me preguntó nada que deba preocuparte -dije en un tono molesto- y ahora si no es mucho pedir, quiero dormir, tuve una mala noche y quiero descansar.
    -Sabes que puedes confiar en mi, ¿verdad?
    -Si, lo se... como tu en mi.
    -Esta bien, lo siento -dijo, y me abrazó-,  Si necesitas algo, avísame.
    Asentí con la cabeza y luego Aiden se fue.

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