El camino a la casa de Dante duraba solo treinta minutos, pero se hizo eterno. Aiden al volante, Dante en el asiento de acompañante y yo en un de los asientos traseros. Todos en silencio. Para lo único que hablaban era, Aiden para pedir indicaciones y Dante para dárselas, y yo iba totalmente en silencio, deseando que llegáramos rápido.
Cuando al fin llegamos a la casa de dante Aiden me dijo que pasaría por mi a las ocho, como había dicho papá. Mi primo se despidió de nosotros y se marchó.
-¿Está tu mamá? -Pregunté tímida.
-Amm... No lo se, creo que no, pero en un rato debería estar aquí. -Dijo sacándose su chaqueta y arrojándola a un sillón que había cerca.- ¿Quieres tomar algo?
-Eh.. no, gracias.
-Está bien -me dedicó una sonrisa- Vamos a mi habitación, allí están todas las cosas.
La casa de Dante era grande como la mía y muy linda. Los colores de las paredes eran claros y no habían muchos muebles, pero si habían varios cuadros que, a decir verdad, no tenía idea de quién los podía haber pintado, pero eran maravillosos. Realmente llamativos.
Subimos a la habitación de Dante, era genial y enorme. Tenia muchos posters de bandas de rock, una guitarra eléctrica, un bajo y dos micrófonos. En otro extremo de la habitación había un mueble en el que habían libros, la mayoría eran de fantasía y ficción y yo, ya había los había leído casi todos. En el mismo mueble habían muchísimos discos de bandas de rock, desde bandas clásicas, a bandas nuevas. Detrás de su cama había un estante en el que habían fotos con un hombre, era muy parecido a Dante. Él vio que me detuve un momento en la puerta a observar el ambiente.
-Mi lugar favorito en el mundo -sonrió- ¿te gusta?
-Me encanta -dije aun mirando detenidamente el lugar.
-¿En serio? -Preguntó asombrado.
-Si, es genial -dije dejando mi mochila y mi chaqueta arriba de su cama. Nuevamente me detuve a observar las fotos con aquel hombre.
-Es mi padre.
-Son muy parecidos
Había una foto en a que Dante estaba con su padre sosteniendo una guitarra, su padre sostenía un bajo y estaban en un micrófono cada uno.
-¿Tu papá cantaba?
-Si, muchísimo mejor que yo. -Miró la foto con una sonrisa de admiración.- Todos los posters y los discos los compró él. Eran su vida y ahora son gran parte de la mía.
-Dante, no sabía que te gustaba el rock. -Dije extrañada y lo miré.
-Papá me mostró este estilo de música desde pequeño. Esto se convirtió en mi vida. Amo esta música, y es lo que me queda de él. No tengo motivos para ignorar el Rock no los voy a tener nunca. -Dante hablaba con orgullo, y eso me fascinaba.
-Wau, estas bandas son buenas -dije mirando la pared con los posters.
Después de nuestra pequeña conversación buscamos materiales para hacer una linda carpeta de colores negro y azul y pusimos manos a la obra.
Una hora y media después de que empezamos a hacer el trabajo llegó la mamá de Dante. Golpeó la puerta de la habitación y Dante le dijo que pasara.
-Hola niños -dijo sonriente. Era una mujer muy elegante, alta, rubia, de ojos marrones y delgada. Era una mujer muy bien conservada para tener cuarenta años.
-Hola mamá -Dante se levantó y le dio un beso- Ella es Amy.
-Hola Señora Starcovich -Dije tímidamente y me levanté para saludarla.- Es un placer conocerla.
-Hola Amy -dijo aun con una sonrisa, me caía bien- que bueno que al fin te conozco, Dante no para de hablar de ti desde hace dos días -le lancé a Dante una mirada interrogativa y el agachó la cabeza.- En fin, ¿quieren bajar a merendar, o le pido a Lissi que suba la merienda?
-Ahora bajamos ma -la mamá de Dante se dio la vuelta y sin decir nada, desapareció de la habitación.
-Explícame -le dije cruzándome de brazos.
-¿Qué tengo que explicar? -Preguntó nervioso.
-¿Cómo es eso de que hace dos días que no dejas de hablar de mi?
-Ay, nunca dije nada malo, de eso puedes estar segura.
-¿Entonces, que es lo qué dijiste?
-Solo te alagué. Me pareciste una chica interesante desde el principio y bueno. Se lo comenté a mamá. -Lo miré pensativa- es en serio, me caes bien. Nunca te degradaría.
-Esta bien, te creo.
-¿Bajamos a merendar? -Preguntó con una de esas sonrisa encantadoras.
-Vamos -le dije, y los dos bajamos.
Hacía bastante frío así que la mamá de Dante nos estaba esperando con dos tazas de chocolate caliente.
Francamente había olvidado por completo lo que se sentía tomar una taza de chocolate caliente con alguien más en la misma habitación que yo, mientras se disfruta de una agradable conversación. Había olvidado lo que era estar en familia. Después de todo, si falta una pieza de un rompe cabezas, por más pequeña que sea, este no se podrá armar de la manera apropiada. Y si falta una persona que amas en una familia realmente unida, esto se convertirá en un intento de familia, todo sabemos que no volverá a ser lo mismo.
Resumiendo: EN MI ROMPE CABEZAS FALTA UNA PIEZA FUNDAMENTAL.
Me gustaba saber que a pesar de que a ellos les falta una parte importante en su rompe cabezas si pueden ordenarlo, nunca lo podrán volver a armar de la manera original, pero si podían unirlo... O dejarlo guardado en una lugar, como un recuerdo lleno de buenos momentos y juegos, con mucho amor. Me alegra por ellos.
Pasé un rato agradable, nos reímos, hablamos, recordamos, ellos sus momentos, yo los míos y los compartimos. Después de un gran rato,tuvimos que subir a la habitación a terminar el trabajo. Nos estaba quedando bien, ni siquiera discutimos. Por lo visto teníamos gustos muy parecidos, eso hacía el trabajo mucho más fácil y rápido. Tanto que un rato después de las seis ya habíamos terminado. Nos quedaban dos horas y no teníamos ni idea de lo que podíamos hacer.
-Bien, nos queda como una hora y media para hacer algo que no tenga que ver con el colegio -dijo con emoción- ¿qué sugieres?
Hacía bastante frío así que la mamá de Dante nos estaba esperando con dos tazas de chocolate caliente.
Francamente había olvidado por completo lo que se sentía tomar una taza de chocolate caliente con alguien más en la misma habitación que yo, mientras se disfruta de una agradable conversación. Había olvidado lo que era estar en familia. Después de todo, si falta una pieza de un rompe cabezas, por más pequeña que sea, este no se podrá armar de la manera apropiada. Y si falta una persona que amas en una familia realmente unida, esto se convertirá en un intento de familia, todo sabemos que no volverá a ser lo mismo.
Resumiendo: EN MI ROMPE CABEZAS FALTA UNA PIEZA FUNDAMENTAL.
Me gustaba saber que a pesar de que a ellos les falta una parte importante en su rompe cabezas si pueden ordenarlo, nunca lo podrán volver a armar de la manera original, pero si podían unirlo... O dejarlo guardado en una lugar, como un recuerdo lleno de buenos momentos y juegos, con mucho amor. Me alegra por ellos.
Pasé un rato agradable, nos reímos, hablamos, recordamos, ellos sus momentos, yo los míos y los compartimos. Después de un gran rato,tuvimos que subir a la habitación a terminar el trabajo. Nos estaba quedando bien, ni siquiera discutimos. Por lo visto teníamos gustos muy parecidos, eso hacía el trabajo mucho más fácil y rápido. Tanto que un rato después de las seis ya habíamos terminado. Nos quedaban dos horas y no teníamos ni idea de lo que podíamos hacer.
-Bien, nos queda como una hora y media para hacer algo que no tenga que ver con el colegio -dijo con emoción- ¿qué sugieres?
-¿No quieres que empecemos a estudiar para la prueba de matemáticas?
-Amy, por favor, no seas aburrida, te lo suplico -me miró con cara de espanto, y eso me hizo reír.
-Esta bien, ¿que podemos hacer? -Dije sonriendo.
-¿Qué es lo que te gusta hacer cuando estas aburrida?
Uy, que pregunta difícil. Desde hace dos años, cada vez que me aburro duermo o leo libros que muy pocas personas conocen debido a su extremada morbosidad. Pero siendo dos personas las que estábamos aburridas y una de esas personas siendo Dante, no podía decirle lo que hacía.
-En realidad, nada. -Contesté poco decidida.
-Oh, vamos. Algo tiene que haber, ¿películas?
-Me aburren.
-¿Juegos de mesa?
-No les tengo paciencia.
-¿Escribir?
-Solo cuando estoy sola.
Se detuvo un momento a pensar.
-¿Cantar? -Preguntó intrigado. Cantaba con mi mejor amiga y con nadie más. Desde que murió la música no fue una buena companía.
-No, no me gusta.
-Amy, tiene que haber algo -no se iba a rendir.
-Nada que pueda compartir -dije con una media sonrisa.
-Mmm... ¿Te gusta masacrar personas cuando estas aburrida? -Reprimí una carcajada.
-Se que parece que si, pero no. Masacrarlas no es una buena opción...
-¿Y torturarlas? Es más divertido, según lo que me han contado -Los dos nos reímos.
-Eres muy creativo, sabes? Y super original -se rió.
-¿Te gustan las guitarras?
-Si, ¿por qué?
-Porque allí tengo una. ¿Sabes tocar? -No quería revivir momentos. No quería arruinar ese momento por revivir otros.
-A decir verdad, no recuerdo muy bien los acordes y todo eso... -no terminé la oración.
-¿Sabes qué? Pareces ser una chica que disfruta, o disfrutaba, muchísimo de la música pesada, hablo de Rock, Heavy Metal y demás -tenía razón- pero pareces mas de ser una chica que en este momento disfrutaría de algo liviano... -lo miré extrañada- Oh si, algo liviano, quiero decir, música clásica por ejemplo.
-Te voy a preguntar algo y quiero que contestes con la verdad, ¿si? -esperé su respuesta, que fue inmediata.
-Adelante.
-¿Eres un espía, agente secreto, o sabes leer mentes? -Se rió, tomo aire y contesto aún riendo.
-Simplemente le presto atención a las personas, Amy.
-¿Cómo? Eso es muy difícil.
-Para mi no. Me interesa saber como son las personas que me llaman la atención. Y generalmente me doy cuenta, literalmente, rápido de como son, de cual es su estilo y la música que les gusta, escuchan o necesitan.
-Eso es simplemente... Impresionante.
-Y entretenido, en realidad. Pero volviendo al tema, ¿me acompañarías a un lugar especial? -lo miré pensativa.
-Mmm... Bueno.
Salimos de la habitación de Dante y nos recorrimos toda su casa de una punta a otra. Le pregunté que era exactamente lo que estaba buscando y solo dijo que era una llave, que sin eso no podíamos ir a ese lugar especial y yo, como el estaba tan ansioso, lo seguí.
Seguimos recorriendo la casa de punta a punta y buscando por unos cuantos minutos, hasta que la bendita llave por fin se dejó ver.
-¡Sabía que por aquí la había dejado! -Exclamó sonriente y mirando la llave, y yo, por impulso, me reí.
-¿¡Por aquí donde!? -pregunté riendo- ¡Conocí toda tu casa en quince minutos! -nuevamente nos reímos los dos.
-No, no la conoces toda -dijo aun sonriente- no aun.
Me llevó casi arrastrando hasta un armario, pero antes de abrir ese armario, miró el pasillo para confirmar que no hubiera nadie más que nosotros. Como acto seguido, me agarro de el brazo derecho y me metió en ese armario. Era oscuro y muy pequeño, apenas entrabamos los dos junto, muy juntos. Pero después de que entramos rápidamente encendió una luz y, en el fondo de ese lugar, corrió un cuadro que estaba apoyado contra la pared y metió la llave que tanto buscamos en un candado. Me miró y me dio la mano para que pudiéramos entrar. Lo miré pensativa.
-Confía en mi. -Dijo con una sonrisa ante la cual me resultó imposible dar una negativa como respuesta.
Tomé su mano y deje que me guiara.
Cuando distinguí en medio de esa oscuridad espesa una escalera que iba hacia abajo, pensé que lo que estaría al pie de la escalera sería asquerosamente peor y polvoriento. Pero que equivocada que estaba.
Mientras bajábamos el sostenía mi mano para que no me cayera. Cuando llegamos abajo, buscó a tientas en la pared algún interruptor para encender la luz, y lo que vi después de que todo estaba iluminado me dejo, simplemente sin palabras.
Era un sótano, si, pero muy limpio e iluminado y, literalmente, lo único que se hallaba en el era un gigantesco y hermoso piano.
El instrumento favorito de Mariana, mi mejor amiga.
-¿Te gusta? -me preguntó mirándome fijamente.
-Me encanta -contesté mirando aquel hermoso instrumento con fascinación.
-Era de papá -dijo con orgullo.
-¿Tocaba el piano? -Le pregunté, ahora mirándolo a él.
-Si -miró con amor hacia donde se encontraba el piano, pero luego hablo con tristeza- creo que mamá no sabe nada de este lugar, nunca lo mencionó y ni siquiera se si recuerda que esto existe.
-¿Tu sabes tocar? -le pregunté sonriendo.
-¿Quieres escucharme? -preguntó con timidez.
-Claro que si.
-Esta bien.
Se sentó en el banquillo y me hizo una seña para que me sentara a su lado, me senté. Dante cerró los ojos y respiró hondo. Luego comenzó a tocar una canción que yo nunca había escuchado. Tocaba el piano realmente con pasión y eso le daba un poco de vida a aquel sótano tan cerrado.
Se me llenaron los ojos de lágrimas de emoción. La canción era hermosa, y sentí que gracias a Dante pude revivir un hermoso momento con Mariana. Ese era su instrumento, no el mio. Recordé que ella siempre me hacia sentarme con ella como estaba en aquel preciso momento con Dante cada vez que quería tocar. Respiraba de la misma manera y su pasión por lo que hacía... Oh, esa era mi parte favorita, ella amaba lo que hacía. Y Dante amaba su música.
Podría haber estado horas escuchando aquella hermosa melodía. Era relajante, era original y después de unos minutos, me di cuenta de que era de Dante.
Estuvimos un largo rato sin hablar, él tocaba una canción tras otra y yo lo escuchaba con admiración y sin cansancio. Hacía más de dos años que no sentía la textura de el banquillo de un piano, pero me di cuenta de que lo que extrañaba más que nada, era escuchar el sonido tan acogedor de un piano.
Después de estar aproximadamente una hora allí, nos dimos cuenta de que si no volvíamos, su madre se iba a dar cuanta de donde estábamos y Dante iba a tener problemas. Además, según nuestro cálculos, ya estaba por ir a buscarme Aiden.
Nos levantamos del banquillo para irnos. Dante se quedó al pie de la escalera, yo subí, abrí la puerta despacio para asegurarme de que no había nadie y el apagó a luz, trancó la puerta con el candado y le puso el cuadro adelante. Subimos a la habitación y ordenamos las cosas que usamos. En ese rato le pregunté sobre esa puerta, él dijo que era secreta. Su madre no sabía nada acerca de ella. Y él la descubrió un día que ya no aguantaba más nada y ya no le quedaban escondites en su casa para escapar de los llantos y el silencio ensordecedor de aquel espacio tan vacío que en algún momento había sido su hogar. Me contó que ese día corrió a esconderse y se acordó de el viejo armario detrás de la cocina, el armario lleno de cosas viejas que ya no servían o que ya nadie usaba, se escondió ahí esperando olvidarse de todo el dolor que ocupaba su mente y su cuerpo. Él iba cada vez que necesitaba refugio, o un lugar en donde llorar. Un día, después de ver a su madre más recuperada de la muerte de su padre, él se dio cuenta de que era la única persona que aún seguía totalmente destruía por la pérdida, entonces se encerró a llorar. Dice que se tiró con tanta brusquedad en el suelo que casi rompe el cuadro. Pero sintió que algo sonó detrás del objeto, algo hueco. La curiosidad ganó. Movió el cuadro y vio aquella puerta tan pequeña como para que una persona alta pudiera pasar erguida. No tenía tranca o algún método de seguridad que la protegiera, solo tenia una conexión de metal con la pared para un candado, que alguien había olvidado colocar. Subió rápidamente a su habitación a buscar una linterna para poder entrar en aquel lugar. Cuando entró, según me dijo, fue el momento más nostálgico y feliz desde que su padre falleció, pues había descubierto donde se encontraba el enorme piano que, desde pequeño, su papá le enseñó a tocar. Encontró la enorme entrada que habían usado para poder meter el piano en aquel lugar, pero estaba sellada. Desde aquel día, su vida fue más tolerable. Él convirtió aquel sótano en un refugio personal en el que nadie, salvo yo, la chica que en verdad lo comprendía, pudo entrar con él.
Fue una historia fascinante, después de todo, yo era, literalmente, la única persona que la había escuchado. Después bajamos a esperar a mi primo, que a las ocho en punto estaba en la puerta.
Llegué a casa y había una muchacha joven cocinando la cena. La miré y papá me dijo que ella era la nueva empleada doméstica, que al día siguiente tenía que ir a la hora que Aiden y yo llegábamos a casa, la saludé e intenté escabullirme a mi dormitorio sin mucho éxito.
-¿Cómo te fue, Amy? -Preguntó papá.
-Bien.
-¿Puedo ver el trabajo?
-No, lo tiene Dante, después de que esté corregido será mio.
-Oh, esta bien. ¿Qué vas a hacer ahora?
-Me iré a mi habitación...
-Esta bien.
Entre e mi cuarto y cerré la puerta. Era imposible no pensar en el fantástico día que había tenido con Dante. Era difícil creer que estuviera yo sola ahí y con una sonrisa.
-Amy, por favor, no seas aburrida, te lo suplico -me miró con cara de espanto, y eso me hizo reír.
-Esta bien, ¿que podemos hacer? -Dije sonriendo.
-¿Qué es lo que te gusta hacer cuando estas aburrida?
Uy, que pregunta difícil. Desde hace dos años, cada vez que me aburro duermo o leo libros que muy pocas personas conocen debido a su extremada morbosidad. Pero siendo dos personas las que estábamos aburridas y una de esas personas siendo Dante, no podía decirle lo que hacía.
-En realidad, nada. -Contesté poco decidida.
-Oh, vamos. Algo tiene que haber, ¿películas?
-Me aburren.
-¿Juegos de mesa?
-No les tengo paciencia.
-¿Escribir?
-Solo cuando estoy sola.
Se detuvo un momento a pensar.
-¿Cantar? -Preguntó intrigado. Cantaba con mi mejor amiga y con nadie más. Desde que murió la música no fue una buena companía.
-No, no me gusta.
-Amy, tiene que haber algo -no se iba a rendir.
-Nada que pueda compartir -dije con una media sonrisa.
-Mmm... ¿Te gusta masacrar personas cuando estas aburrida? -Reprimí una carcajada.
-Se que parece que si, pero no. Masacrarlas no es una buena opción...
-¿Y torturarlas? Es más divertido, según lo que me han contado -Los dos nos reímos.
-Eres muy creativo, sabes? Y super original -se rió.
-¿Te gustan las guitarras?
-Si, ¿por qué?
-Porque allí tengo una. ¿Sabes tocar? -No quería revivir momentos. No quería arruinar ese momento por revivir otros.
-A decir verdad, no recuerdo muy bien los acordes y todo eso... -no terminé la oración.
-¿Sabes qué? Pareces ser una chica que disfruta, o disfrutaba, muchísimo de la música pesada, hablo de Rock, Heavy Metal y demás -tenía razón- pero pareces mas de ser una chica que en este momento disfrutaría de algo liviano... -lo miré extrañada- Oh si, algo liviano, quiero decir, música clásica por ejemplo.
-Te voy a preguntar algo y quiero que contestes con la verdad, ¿si? -esperé su respuesta, que fue inmediata.
-Adelante.
-¿Eres un espía, agente secreto, o sabes leer mentes? -Se rió, tomo aire y contesto aún riendo.
-Simplemente le presto atención a las personas, Amy.
-¿Cómo? Eso es muy difícil.
-Para mi no. Me interesa saber como son las personas que me llaman la atención. Y generalmente me doy cuenta, literalmente, rápido de como son, de cual es su estilo y la música que les gusta, escuchan o necesitan.
-Eso es simplemente... Impresionante.
-Y entretenido, en realidad. Pero volviendo al tema, ¿me acompañarías a un lugar especial? -lo miré pensativa.
-Mmm... Bueno.
Salimos de la habitación de Dante y nos recorrimos toda su casa de una punta a otra. Le pregunté que era exactamente lo que estaba buscando y solo dijo que era una llave, que sin eso no podíamos ir a ese lugar especial y yo, como el estaba tan ansioso, lo seguí.
Seguimos recorriendo la casa de punta a punta y buscando por unos cuantos minutos, hasta que la bendita llave por fin se dejó ver.
-¡Sabía que por aquí la había dejado! -Exclamó sonriente y mirando la llave, y yo, por impulso, me reí.
-¿¡Por aquí donde!? -pregunté riendo- ¡Conocí toda tu casa en quince minutos! -nuevamente nos reímos los dos.
-No, no la conoces toda -dijo aun sonriente- no aun.
Me llevó casi arrastrando hasta un armario, pero antes de abrir ese armario, miró el pasillo para confirmar que no hubiera nadie más que nosotros. Como acto seguido, me agarro de el brazo derecho y me metió en ese armario. Era oscuro y muy pequeño, apenas entrabamos los dos junto, muy juntos. Pero después de que entramos rápidamente encendió una luz y, en el fondo de ese lugar, corrió un cuadro que estaba apoyado contra la pared y metió la llave que tanto buscamos en un candado. Me miró y me dio la mano para que pudiéramos entrar. Lo miré pensativa.
-Confía en mi. -Dijo con una sonrisa ante la cual me resultó imposible dar una negativa como respuesta.
Tomé su mano y deje que me guiara.
Cuando distinguí en medio de esa oscuridad espesa una escalera que iba hacia abajo, pensé que lo que estaría al pie de la escalera sería asquerosamente peor y polvoriento. Pero que equivocada que estaba.
Mientras bajábamos el sostenía mi mano para que no me cayera. Cuando llegamos abajo, buscó a tientas en la pared algún interruptor para encender la luz, y lo que vi después de que todo estaba iluminado me dejo, simplemente sin palabras.
Era un sótano, si, pero muy limpio e iluminado y, literalmente, lo único que se hallaba en el era un gigantesco y hermoso piano.
El instrumento favorito de Mariana, mi mejor amiga.
-¿Te gusta? -me preguntó mirándome fijamente.
-Me encanta -contesté mirando aquel hermoso instrumento con fascinación.
-Era de papá -dijo con orgullo.
-¿Tocaba el piano? -Le pregunté, ahora mirándolo a él.
-Si -miró con amor hacia donde se encontraba el piano, pero luego hablo con tristeza- creo que mamá no sabe nada de este lugar, nunca lo mencionó y ni siquiera se si recuerda que esto existe.
-¿Tu sabes tocar? -le pregunté sonriendo.
-¿Quieres escucharme? -preguntó con timidez.
-Claro que si.
-Esta bien.
Se sentó en el banquillo y me hizo una seña para que me sentara a su lado, me senté. Dante cerró los ojos y respiró hondo. Luego comenzó a tocar una canción que yo nunca había escuchado. Tocaba el piano realmente con pasión y eso le daba un poco de vida a aquel sótano tan cerrado.
Se me llenaron los ojos de lágrimas de emoción. La canción era hermosa, y sentí que gracias a Dante pude revivir un hermoso momento con Mariana. Ese era su instrumento, no el mio. Recordé que ella siempre me hacia sentarme con ella como estaba en aquel preciso momento con Dante cada vez que quería tocar. Respiraba de la misma manera y su pasión por lo que hacía... Oh, esa era mi parte favorita, ella amaba lo que hacía. Y Dante amaba su música.
Podría haber estado horas escuchando aquella hermosa melodía. Era relajante, era original y después de unos minutos, me di cuenta de que era de Dante.
Estuvimos un largo rato sin hablar, él tocaba una canción tras otra y yo lo escuchaba con admiración y sin cansancio. Hacía más de dos años que no sentía la textura de el banquillo de un piano, pero me di cuenta de que lo que extrañaba más que nada, era escuchar el sonido tan acogedor de un piano.
Después de estar aproximadamente una hora allí, nos dimos cuenta de que si no volvíamos, su madre se iba a dar cuanta de donde estábamos y Dante iba a tener problemas. Además, según nuestro cálculos, ya estaba por ir a buscarme Aiden.
Nos levantamos del banquillo para irnos. Dante se quedó al pie de la escalera, yo subí, abrí la puerta despacio para asegurarme de que no había nadie y el apagó a luz, trancó la puerta con el candado y le puso el cuadro adelante. Subimos a la habitación y ordenamos las cosas que usamos. En ese rato le pregunté sobre esa puerta, él dijo que era secreta. Su madre no sabía nada acerca de ella. Y él la descubrió un día que ya no aguantaba más nada y ya no le quedaban escondites en su casa para escapar de los llantos y el silencio ensordecedor de aquel espacio tan vacío que en algún momento había sido su hogar. Me contó que ese día corrió a esconderse y se acordó de el viejo armario detrás de la cocina, el armario lleno de cosas viejas que ya no servían o que ya nadie usaba, se escondió ahí esperando olvidarse de todo el dolor que ocupaba su mente y su cuerpo. Él iba cada vez que necesitaba refugio, o un lugar en donde llorar. Un día, después de ver a su madre más recuperada de la muerte de su padre, él se dio cuenta de que era la única persona que aún seguía totalmente destruía por la pérdida, entonces se encerró a llorar. Dice que se tiró con tanta brusquedad en el suelo que casi rompe el cuadro. Pero sintió que algo sonó detrás del objeto, algo hueco. La curiosidad ganó. Movió el cuadro y vio aquella puerta tan pequeña como para que una persona alta pudiera pasar erguida. No tenía tranca o algún método de seguridad que la protegiera, solo tenia una conexión de metal con la pared para un candado, que alguien había olvidado colocar. Subió rápidamente a su habitación a buscar una linterna para poder entrar en aquel lugar. Cuando entró, según me dijo, fue el momento más nostálgico y feliz desde que su padre falleció, pues había descubierto donde se encontraba el enorme piano que, desde pequeño, su papá le enseñó a tocar. Encontró la enorme entrada que habían usado para poder meter el piano en aquel lugar, pero estaba sellada. Desde aquel día, su vida fue más tolerable. Él convirtió aquel sótano en un refugio personal en el que nadie, salvo yo, la chica que en verdad lo comprendía, pudo entrar con él.
Fue una historia fascinante, después de todo, yo era, literalmente, la única persona que la había escuchado. Después bajamos a esperar a mi primo, que a las ocho en punto estaba en la puerta.
Llegué a casa y había una muchacha joven cocinando la cena. La miré y papá me dijo que ella era la nueva empleada doméstica, que al día siguiente tenía que ir a la hora que Aiden y yo llegábamos a casa, la saludé e intenté escabullirme a mi dormitorio sin mucho éxito.
-¿Cómo te fue, Amy? -Preguntó papá.
-Bien.
-¿Puedo ver el trabajo?
-No, lo tiene Dante, después de que esté corregido será mio.
-Oh, esta bien. ¿Qué vas a hacer ahora?
-Me iré a mi habitación...
-Esta bien.
Entre e mi cuarto y cerré la puerta. Era imposible no pensar en el fantástico día que había tenido con Dante. Era difícil creer que estuviera yo sola ahí y con una sonrisa.