-¿A donde fuiste con ese chico? -me preguntó Aiden haciéndose el distraído.
-Ese Chico se llama Dante y fuimos a dar una vuelta... -Hice una pausa.- No pensaste que te esperaría dos horas sentada en un banco como una idiota, ¿verdad? -Lo miré fijamente, pues ya sabía su respuesta.
-Creí que cuando yo llegara ibas a estar en ese banco leyendo, como hiciste ayer.
-Bueno, no fue así. -Dije cortante.- ¿Por qué te castigaron? -le pregunté con un aire maternal, enojada.
-Ah... sobre eso... no le digas a tu padre.
-No le diré si me dices porque te castigaron.
-No lo hicieron. -Dijo con tono de arrepentimiento y la mirada fija en el suelo.
-Claro, justo tu te quedaste en ese reclusorio dos horas de más por puro placer. -Dije con sarcasmo.- Me vienes a mentir justo a mi.
-Amy, solo créeme, no me castigaron. -Me dijo en tono serio pero con sinceridad.
-¿Entonces por qué justo hoy que yo salí dos horas más temprano, tu no podías venir a buscarme? -Insistí- ¿Qué hiciste, Aiden?
-No recuerdo que fueras tan terca. -Dijo con una sonrisa, pero la mirada aún estaba en el suelo.
-No quieras cambiarme el tema.
-Esta bien, tu ganas. -Se rindió.- Conocí a una chica... -se sonrojó y esperó mi respuesta.
-¿Y no era mas fácil decirme la verdad desde el principio? -Pregunté con media sonrisa en el rostro y la mirada fija en él.
-No Amy -se rió entre dientes- la conocí hace poco -volvió a sonreir- la conocí hoy a decir verdad.
-¿Hoy, Aiden? ¿Y ya saliste con ella? -Pregunte riéndome.
-Si niña, ¿que tanto te preocupas por mi?
-No, no por ti. ¡Me preocupa la pobre chica acosada! -ambos nos reímos con ganas.
-Créeme primita, no acose a esa chica. En todo caso ella me acosó a mi.
No quise saber mas de ese tema, así que le deje la ultima palabra y los dos seguimos sonrientes.
Cuando llegamos al hospital nos reportamos y esperamos a que me llamaran. Estábamos los dos en silencio, ya que mi primo miraba la pantalla de su celular con cara de idiota y yo tenía la firme sospecha de que hablaba con esa chica. Igual, si no era ella, no quería ni por asomo saber de quien o de que se trataba.
Estuvimos mucho rato esperando a que me llamaran y ya estaba aburriéndome mucho. Cuando finalmente me dispuse a sacar mi libro para entretenerme un poco, la psicóloga llamó.
Mi cita con ella duraba una larga y muy aburrida hora. Pero quisiera o no, tenía que ir. No me caía bien la persona que me atendía, mi papá me obligaba a ir y era para nada, ya que esa desconocida no me prestaba atención ninguna ni yo a ella. Cuando al fin se terminó aquella hora infinita nos fuimos.
Llegamos a mi casa y papá estaba preparando la cena, faltaban como cuatro horas para que cenáramos, pero él se entiende. Mientras él hacía lo suyo, yo lo acompañaba y lo escuchaba. Me contó que al día siguiente iría a casa una empleada doméstica, y que estaba por entrevistar a una nueva chica. Ya era hora. Ninguno de nosotros toleraba encargarse de la casa, pero a papá no le gustaba que hubieran desconocidos husmeando en nuestras cosas. Por lo visto Aiden le habló de lo mucho que necesitábamos que alguien se encargara de todo esto, y funcionó.
Merendé mientras papá no paraba de hablar y luego subí a mi habitación a hacer mi tarea. Un par de horas después sentí que mi padre me llamaba para cenar. Cenamos, me duché y me acosté a dormir.
Esa noche fue tranquila, mi mamá, por primera vez en semanas, no estuvo en mi sueño. Pero lo raro fue que si estuvo Dante.
Soñé que iba caminando por un calle, yo sola, estaba feliz. Y de la nada, el hermoso día que había quedaba completamente oscuro y yo quedaba completamente desorientada, pero aún así seguía caminado, con miedo, pero sin parar. De repente me tropecé y casi caigo a un pozo, pero alguien tomó mi mano y no caí. El día aclaró, nuevamente, era un día hermoso. Me detuve un momento a mirar a mi salvador y quede realmente sorprendida cuando vi que era Dante. Comencé a escuchar llantos y me di cuenta de que venían de aquel abismo aterrador, esos llantos me eran muy familiares. Eran míos.
En mi sueño, Dante me salvó de mi peor amenaza. Me salvó de mi misma.
Me desperté al sentir que alguien me miraba. Aiden estaba en la puerta de mi habitación, inmóvil y mirándome serio.
-¿Aiden? ¿Pasa algo? -Pregunté a la vez que me sentaba en la cama.
-Eh, no, nada -dijo nervioso.
-¿Y qué estas haciendo ahí?
-Tenía miedo de que te despertaras y yo no estuviera ahí, como el otro día... -Agachó la cabeza al decir eso.
-Aiden, no me escuchaste... -dije y me aclaré la garganta, luego me corregí- yo no grité.
-Pero dijiste que habías soñado lo mismo
-Si, pero no se que pasó -quedamos en silencio por unos segundos-. ¿Hace cuánto tiempo que estas ahí?
-No se, hace un rato. No puedo dormir.
-¿Qué hora es? -Me fijé en el reloj de mesa y eran las tres y media de la madrugada- Es plena madrugada, Aiden.
-Lo se, pero aun así, no puedo dormir -lo miré pensativa.
-¿Quieres quedarte aquí? -me miró como si le hubiera dicho algo imposible- Te quedaras tranquilo y podrás dormir, supongo.
-Esta bien.
Le hice un lugar en la cama y se durmió antes de que yo pudiera encontrar una manera de acomodarme. Me quedé un rato mirando al techo, desvelada. Me gustaba saber que le importaba a mi primo. Por mucho tiempo me sentí una verdadera carga, para él y para papá, pero por lo que había comprobado, no era así.
A la mañana papá golpeó la puerta y le dije que pasara, creí que lo de que mi primo durmiera conmigo fue solo un sueño absurdo, pero no. Le dije a papá que pasara y nos quedó mirando totalmente desconcertado.
-Bien, ¿qué hace Aiden durmiendo aquí? -Pregunto serio.
-Anoche estaba preocupado por mi y no podía dormir, vino como un niño pequeño a cuidarme para estar aquí si me despertaba, pero yo sabía que no iba a gritar y le dije que se acostara conmigo para que estuviera tranquilo y descansara. -Me miro pensativo- y esa es la historia.
-Ah, está bien. Como no te escuché durante toda la noche, creí que Aiden te había escuchado antes que yo, pero bueno.
-Tío, no quiero que pienses mal. Amy es mi hermana. -Dijo Aiden con voz de dormido, pero amable.
-Tranquilo, yo lo se perfectamente. -Nos dedicó una sonrisa y comenzó a caminar- Arriba chicos, hay que desayunar.
Nos levantamos, a las seis de la mañana, y bajamos a desayunar. Luego subí a mi habitación y me duché, me puse el uniforme y bajé.
Papá tenía que esperar a que la empleada doméstica que había contratado llegara a casa, yo sabía que iba de mañana, pero no tenía ni idea de a que hora. Entonces papá le preguntó a mi primo si no se quería llevar uno de sus autos, le dijo que me dejara en el colegio y que después me pasara a buscar. Como era de esperar, Aiden no dijo que no, y felizmente tomó la llave del auto.
Yo llegué un rato antes de que sonara el timbre de entrada, como veinte minutos antes, si no, Aiden llegaba tarde. Pero lo que me sorprendió fue ver que ahí estaba Dante. Era en serio lo de que aquella vez iba a ser su última llegada tarde a clases.
-Hola Amy -dijo con un sonrisa en su rostro.
-Hola -conteste gentil.
-¿Qué haces aquí tan temprano?
-Mi primo me tenía que traer antes porque si no llegaba tarde él... -lo mire pensativa- pero la verdadera pregunta es, ¿qué haces tú aquí tan temprano?
-Vine temprano porque tenía que ir a la biblioteca por un libro de matemá-ticas.
-¿¡Qué tu que!? -Pregunté asombrada.
-Aunque no parezca, si estudio, Amy.
-Okey, esto es demasiado impresionante a decir vedad. -Él se rió-. Pero, ¿para qué?
-El próximo lunes creo que tenemos una prueba de matemáticas y no quiero tener la materia con poca nota, aunque eso esta difícil porque realmente no entiendo nada. -Dijo mientras miraba un libro que sostenía en su mano.
-A ver -dije extendiendo mi mano- prestamelo, lo quiero ver. -Me lo dio-. Este es un libro muy difícil de entender, podrías haber sacado cualquier otro -dije mientras observaba las páginas- otro mas fácil de entender. -Se lo devolví. -¿Alguna vez lo leíste?
-Si, por eso se que es difícil.
-¿Tú eres buena para las matemáticas? -Preguntó pensativo.
-Si, por... -lo miré- no.
-Ay vamos, ayúdame. -Hizo cara de perrito mojado, y bueno...- Por favor.
-Dante...
-Por favor
-Pero...
-Por favor -lo pensé por un momento.
-Está bien.
No nos dimos cuenta de que ya estaba por sonar el timbre y que cada persona que pasaba a nuestro lado nos miraba. Claro, el chico popular Dante Starcovich, con esa chica que nadie sabe quien es, solo que es muy rara y anti social. Si, así es como nos miraban los demás, pero pareció que Dante lo ignoraba por completo. Así que traté de hacer o mismo.
Caminamos hasta el salón de clases hablando y arreglando como íbamos a hacer ya que estábamos a jueves. Al final quedamos de ir el sábado por la tarde al parque donde fuimos a tomar un helado, no sabíamos si el clima iba a ayudar, pero valía tomar el riesgo, si el clima no se ponía de nuestro lado, estaba mi casa.
Llegamos al salón y estaba la señorita Nieves que sonriente felicitó a Dante por que se había enterado de que últimamente estaba llegando a clases en hora, y de paso agregó que yo era una buena influencia para el chico, cosa con la que no estuve de acuerdo en absoluto. Pero por lo visto él si. Disfruté bastante la clase de Historia, pero al final la profesora nos mandó una tarea para hacer en equipo. Y como era de esperar, me tocó con la persona sonriente que tenía al lado. Varias chicas me miraron enojadas, pero no era mi culpa, lo había mandado la profesora y ninguno de los dos había protestado. El problema era que el trabajo era para el día siguiente y yo no sabía que hacer. Pero Dante me dijo que si quería ir a su casa a hacerlo ese mismo día no había problema.
El resto de la mañana no fue muy interesante que digamos. Después de la clase de Historia solo desee que se terminara aquella mañana tan aburrida. A la salida no tuve que esperar a Aiden porque él estaba ahí, en el auto. Pero le tenía que decir lo del trabajo, sabía que no le gustaría mucho la idea, pero lo tenía que hacer si o si.
Dante me acompañó y le pregunté si su madre lo iría a buscar, dijo que no porque tenía mucho trabajo, entonces nos acercamos a Aiden. Él llamó a papá para avisarle lo del trabajo, papá le dijo que estaba bien, pero que quería que para las ocho de la noche estuviera todo pronto y también dijo que quería que Aiden nos llevara hasta su casa.
Como también era de esperar, Aiden no se negó.
-Amy, solo créeme, no me castigaron. -Me dijo en tono serio pero con sinceridad.
-¿Entonces por qué justo hoy que yo salí dos horas más temprano, tu no podías venir a buscarme? -Insistí- ¿Qué hiciste, Aiden?
-No recuerdo que fueras tan terca. -Dijo con una sonrisa, pero la mirada aún estaba en el suelo.
-No quieras cambiarme el tema.
-Esta bien, tu ganas. -Se rindió.- Conocí a una chica... -se sonrojó y esperó mi respuesta.
-¿Y no era mas fácil decirme la verdad desde el principio? -Pregunté con media sonrisa en el rostro y la mirada fija en él.
-No Amy -se rió entre dientes- la conocí hace poco -volvió a sonreir- la conocí hoy a decir verdad.
-¿Hoy, Aiden? ¿Y ya saliste con ella? -Pregunte riéndome.
-Si niña, ¿que tanto te preocupas por mi?
-No, no por ti. ¡Me preocupa la pobre chica acosada! -ambos nos reímos con ganas.
-Créeme primita, no acose a esa chica. En todo caso ella me acosó a mi.
No quise saber mas de ese tema, así que le deje la ultima palabra y los dos seguimos sonrientes.
Cuando llegamos al hospital nos reportamos y esperamos a que me llamaran. Estábamos los dos en silencio, ya que mi primo miraba la pantalla de su celular con cara de idiota y yo tenía la firme sospecha de que hablaba con esa chica. Igual, si no era ella, no quería ni por asomo saber de quien o de que se trataba.
Estuvimos mucho rato esperando a que me llamaran y ya estaba aburriéndome mucho. Cuando finalmente me dispuse a sacar mi libro para entretenerme un poco, la psicóloga llamó.
Mi cita con ella duraba una larga y muy aburrida hora. Pero quisiera o no, tenía que ir. No me caía bien la persona que me atendía, mi papá me obligaba a ir y era para nada, ya que esa desconocida no me prestaba atención ninguna ni yo a ella. Cuando al fin se terminó aquella hora infinita nos fuimos.
Llegamos a mi casa y papá estaba preparando la cena, faltaban como cuatro horas para que cenáramos, pero él se entiende. Mientras él hacía lo suyo, yo lo acompañaba y lo escuchaba. Me contó que al día siguiente iría a casa una empleada doméstica, y que estaba por entrevistar a una nueva chica. Ya era hora. Ninguno de nosotros toleraba encargarse de la casa, pero a papá no le gustaba que hubieran desconocidos husmeando en nuestras cosas. Por lo visto Aiden le habló de lo mucho que necesitábamos que alguien se encargara de todo esto, y funcionó.
Merendé mientras papá no paraba de hablar y luego subí a mi habitación a hacer mi tarea. Un par de horas después sentí que mi padre me llamaba para cenar. Cenamos, me duché y me acosté a dormir.
Esa noche fue tranquila, mi mamá, por primera vez en semanas, no estuvo en mi sueño. Pero lo raro fue que si estuvo Dante.
Soñé que iba caminando por un calle, yo sola, estaba feliz. Y de la nada, el hermoso día que había quedaba completamente oscuro y yo quedaba completamente desorientada, pero aún así seguía caminado, con miedo, pero sin parar. De repente me tropecé y casi caigo a un pozo, pero alguien tomó mi mano y no caí. El día aclaró, nuevamente, era un día hermoso. Me detuve un momento a mirar a mi salvador y quede realmente sorprendida cuando vi que era Dante. Comencé a escuchar llantos y me di cuenta de que venían de aquel abismo aterrador, esos llantos me eran muy familiares. Eran míos.
En mi sueño, Dante me salvó de mi peor amenaza. Me salvó de mi misma.
Me desperté al sentir que alguien me miraba. Aiden estaba en la puerta de mi habitación, inmóvil y mirándome serio.
-¿Aiden? ¿Pasa algo? -Pregunté a la vez que me sentaba en la cama.
-Eh, no, nada -dijo nervioso.
-¿Y qué estas haciendo ahí?
-Tenía miedo de que te despertaras y yo no estuviera ahí, como el otro día... -Agachó la cabeza al decir eso.
-Aiden, no me escuchaste... -dije y me aclaré la garganta, luego me corregí- yo no grité.
-Pero dijiste que habías soñado lo mismo
-Si, pero no se que pasó -quedamos en silencio por unos segundos-. ¿Hace cuánto tiempo que estas ahí?
-No se, hace un rato. No puedo dormir.
-¿Qué hora es? -Me fijé en el reloj de mesa y eran las tres y media de la madrugada- Es plena madrugada, Aiden.
-Lo se, pero aun así, no puedo dormir -lo miré pensativa.
-¿Quieres quedarte aquí? -me miró como si le hubiera dicho algo imposible- Te quedaras tranquilo y podrás dormir, supongo.
-Esta bien.
Le hice un lugar en la cama y se durmió antes de que yo pudiera encontrar una manera de acomodarme. Me quedé un rato mirando al techo, desvelada. Me gustaba saber que le importaba a mi primo. Por mucho tiempo me sentí una verdadera carga, para él y para papá, pero por lo que había comprobado, no era así.
A la mañana papá golpeó la puerta y le dije que pasara, creí que lo de que mi primo durmiera conmigo fue solo un sueño absurdo, pero no. Le dije a papá que pasara y nos quedó mirando totalmente desconcertado.
-Bien, ¿qué hace Aiden durmiendo aquí? -Pregunto serio.
-Anoche estaba preocupado por mi y no podía dormir, vino como un niño pequeño a cuidarme para estar aquí si me despertaba, pero yo sabía que no iba a gritar y le dije que se acostara conmigo para que estuviera tranquilo y descansara. -Me miro pensativo- y esa es la historia.
-Ah, está bien. Como no te escuché durante toda la noche, creí que Aiden te había escuchado antes que yo, pero bueno.
-Tío, no quiero que pienses mal. Amy es mi hermana. -Dijo Aiden con voz de dormido, pero amable.
-Tranquilo, yo lo se perfectamente. -Nos dedicó una sonrisa y comenzó a caminar- Arriba chicos, hay que desayunar.
Nos levantamos, a las seis de la mañana, y bajamos a desayunar. Luego subí a mi habitación y me duché, me puse el uniforme y bajé.
Papá tenía que esperar a que la empleada doméstica que había contratado llegara a casa, yo sabía que iba de mañana, pero no tenía ni idea de a que hora. Entonces papá le preguntó a mi primo si no se quería llevar uno de sus autos, le dijo que me dejara en el colegio y que después me pasara a buscar. Como era de esperar, Aiden no dijo que no, y felizmente tomó la llave del auto.
Yo llegué un rato antes de que sonara el timbre de entrada, como veinte minutos antes, si no, Aiden llegaba tarde. Pero lo que me sorprendió fue ver que ahí estaba Dante. Era en serio lo de que aquella vez iba a ser su última llegada tarde a clases.
-Hola Amy -dijo con un sonrisa en su rostro.
-Hola -conteste gentil.
-¿Qué haces aquí tan temprano?
-Mi primo me tenía que traer antes porque si no llegaba tarde él... -lo mire pensativa- pero la verdadera pregunta es, ¿qué haces tú aquí tan temprano?
-Vine temprano porque tenía que ir a la biblioteca por un libro de matemá-ticas.
-¿¡Qué tu que!? -Pregunté asombrada.
-Aunque no parezca, si estudio, Amy.
-Okey, esto es demasiado impresionante a decir vedad. -Él se rió-. Pero, ¿para qué?
-El próximo lunes creo que tenemos una prueba de matemáticas y no quiero tener la materia con poca nota, aunque eso esta difícil porque realmente no entiendo nada. -Dijo mientras miraba un libro que sostenía en su mano.
-A ver -dije extendiendo mi mano- prestamelo, lo quiero ver. -Me lo dio-. Este es un libro muy difícil de entender, podrías haber sacado cualquier otro -dije mientras observaba las páginas- otro mas fácil de entender. -Se lo devolví. -¿Alguna vez lo leíste?
-Si, por eso se que es difícil.
-¿Tú eres buena para las matemáticas? -Preguntó pensativo.
-Si, por... -lo miré- no.
-Ay vamos, ayúdame. -Hizo cara de perrito mojado, y bueno...- Por favor.
-Dante...
-Por favor
-Pero...
-Por favor -lo pensé por un momento.
-Está bien.
No nos dimos cuenta de que ya estaba por sonar el timbre y que cada persona que pasaba a nuestro lado nos miraba. Claro, el chico popular Dante Starcovich, con esa chica que nadie sabe quien es, solo que es muy rara y anti social. Si, así es como nos miraban los demás, pero pareció que Dante lo ignoraba por completo. Así que traté de hacer o mismo.
Caminamos hasta el salón de clases hablando y arreglando como íbamos a hacer ya que estábamos a jueves. Al final quedamos de ir el sábado por la tarde al parque donde fuimos a tomar un helado, no sabíamos si el clima iba a ayudar, pero valía tomar el riesgo, si el clima no se ponía de nuestro lado, estaba mi casa.
Llegamos al salón y estaba la señorita Nieves que sonriente felicitó a Dante por que se había enterado de que últimamente estaba llegando a clases en hora, y de paso agregó que yo era una buena influencia para el chico, cosa con la que no estuve de acuerdo en absoluto. Pero por lo visto él si. Disfruté bastante la clase de Historia, pero al final la profesora nos mandó una tarea para hacer en equipo. Y como era de esperar, me tocó con la persona sonriente que tenía al lado. Varias chicas me miraron enojadas, pero no era mi culpa, lo había mandado la profesora y ninguno de los dos había protestado. El problema era que el trabajo era para el día siguiente y yo no sabía que hacer. Pero Dante me dijo que si quería ir a su casa a hacerlo ese mismo día no había problema.
El resto de la mañana no fue muy interesante que digamos. Después de la clase de Historia solo desee que se terminara aquella mañana tan aburrida. A la salida no tuve que esperar a Aiden porque él estaba ahí, en el auto. Pero le tenía que decir lo del trabajo, sabía que no le gustaría mucho la idea, pero lo tenía que hacer si o si.
Dante me acompañó y le pregunté si su madre lo iría a buscar, dijo que no porque tenía mucho trabajo, entonces nos acercamos a Aiden. Él llamó a papá para avisarle lo del trabajo, papá le dijo que estaba bien, pero que quería que para las ocho de la noche estuviera todo pronto y también dijo que quería que Aiden nos llevara hasta su casa.
Como también era de esperar, Aiden no se negó.
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